miércoles, 31 de mayo de 2017

LAS TRES VOCES QUE DEBEMOS TENER COMO CONSUMIDORES, Especial para P&M

LAS TRES VOCES QUE DEBEMOS TENER COMO CONSUMIDORES
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR Consumer Knowledge Group
Mayo de 2017
Especial para P&M

Cada vez más los consumidores son escuchados por las empresas, pero sin duda falta mucho para que estemos en un entorno de “consumer centered” en el mercado colombiano. Quizá, esto tenga que ver con que en los ochenta se nos decía que “el cliente siempre tiene la razón”, y hoy sabemos que eso no es cierto y que por cumplir con esa premisa se cometieron muchos errores. Lo que hace que hoy cuando decimos que hay poner al consumidor en el centro, las cosas no sean tan fáciles.

El consumidor cada vez tiene más voz y más forma de hacerse oír, causando serios daños en las redes sociales, debido a que no se le atendió bien en algún punto de la cadena de servicio. Hay por lo menos tres voces que el consumidor hoy levanta sin piedad y para las que muchas marcas no están preparadas.

La voz de la queja, de la exigencia de servicio, de frustración y de insatisfacción. Esta la manejábamos con un débil sistema de “línea de servicio al cliente” o “ventanilla”, donde un pobre empleado recibía toda la presión de la respuesta emocional del incumplimiento de la promesa de la marca; desde problemas de calidad, servicio, precio hasta cambios, por errores de comunicación y hasta falsa publicidad.

Hoy un tweet de un consumidor iracundo puede acabar con una parte del prestigio de una marca, como fue el caso de United Airlines, donde se vio la violencia de una empresa contra un usuario de manera cruda y descarnada. Todo usuario hoy es un testigo, un periosdista, un difisor y por eso la exigencia de servicio es cada vez más alta y esto solo se logra por medio de una vinculación emocional real de todos los funcionarios de la empresa, porque un solo error de uno de ellos, es un error de toda la marca, que ya no se puede tapar con un comunicado de prensa.

La voz ambiental, social, laboral y legal. Sistemáticamente las nuevas generaciones exigen el cumplimiento de las normas, la transparencia en la producción, el cuidado ambiental y el impacto cultural y social de los procesos productivos, las marcas, la comunicación y la disposición de residuos.

Para los nuevos usuarios, ya es más importante el “cómo” que el “por qué”, del que tanto habla Simon Sinek.

Si la marcas no demuestra que hacen las cosas bien y que buscan mejorar las condiciones del mercado, el planeta y la sociedad, van quedando rezagadas a sus consumidores tradicionales y dejan atrás la oportunidad de capturar a las nuevas capas de consumidores que se están formando.

Esto incluye el reconocimiento de la diversidad y de las minorías, bajo una simple premisa: la mayoría es una suma de minorías. Donde ser mujer, anciano, gay, negro, musulmán e incluso víctima es parte fundamental de la identidad de las personas y las marcas de deben tomar posición frente a esto, o por lo menos ser lo suficientemente amplias para que cualquier expresión, creencia, pensamiento político y deportivo, donde la posición neutra no es bien recibida, porque se asume como una actitud de negación del problema. Las marcas deben ser éticamente activas, no moralmente pasivas.

Finalmente, la voz que grita conocimiento. Las marcas asumen que el consumidor sabe usar su producto, que lo hará correctamente e incluso que entiende todo el lenguaje técnico que le lanzan, lo cual es un enorme error, porque al hablarle de atributos al comprador y al consumidor, le hablamos en un idioma que para las empresas es lógico y para la audiencia es incomprensible.

La primera voz nos exige comprensión y respeto, la segunda nos demanda reconocimiento, y la tercera nos pide porque dejemos de pensar solo en informar, comunicar y educar, y que pasemos a una fase de compartir el conocimiento sobre el producto de una manera tan eficiente, que la gente comprenda que puede hace el producto por ellos y ellos por el producto, y más aún la marca y por la marca, parafraseando a Kennedy. En un mundo de interacciones, los productos y las marcas son un proceso cooperativo y de cocreación entre la empresa y el consumidor. Hay que ir un paso más allá que la simple capacitación del consumidor.

Estas tres voces son lo mínimo que debemos aprende a controlar como marcas hoy en día. Ya no es solo cumplir con el concepto de Kotler donde “el marketing no es el arte de vender lo que uno produce, sino de saber que producir”, sino ir más allá cuidando cómo se produce, dónde se produce, a quién se le produce, qué se promete, donde se vende y cómo se cumple más de lo prometido. La voz del consumidor se está alzando y los arrogantes caerán.

martes, 23 de mayo de 2017

¿LA INFORMALIDAD NOS SALVÓ?, Columna para Portafolio

¿LA INFORMALIDAD NOS SALVÓ?
Por Camilo Herrera Mora

Hay tres grandes lecciones de los últimos años en temas macroeconómicos: no podemos depender del precio del petróleo, no podemos depender de los fenómenos climáticos y nuestra economía funciona diferente a los libros.

Muchos se dicen sorprendidos porque el PIB creció poco el primer trimestre del año, y las frases de los noticieros de televisión y radio, fue de “preocupante desaceleración”.

Toca decirlo y decirlo en voz alta: la economía colombiana salió muy bien librada de la caída del precio del petróleo. Mientras nuestra economía se desaceleró y no presentó recesión, Brasil, Venezuela, Ecuador, Rusia y hasta México la vieron muy oscura. Lo que nos pasó fue simple: el precio de venta del producto que más vendemos, calló un 50% en mes, y nuestras ventas al exterior se frenaron en un 25%, causando que nuestra moneda perdiera cerca del 50% en solo semanas, y pese a todo esto, lo que le paso a nuestra economía, es que creció más despacio, sin frenar nunca, e incluso aumentando el ingreso per cápita en términos reales y de paridad de compra.

Esto ocurrió por dos razones fundamentales: nuestras instituciones económicas, en particular el Banco de la República, y nuestra informalidad y criminalidad, que puede explicar más del 50% del PIB, y al recibir este tipo de choques externos, se ajusta diferente que la economía formal, porque no son las tasas de referencia, las que hacen que este mercado se mueva o no, sino los incentivos que se crean en el mercado, como el contrabando, el cultivo de droga, las ventas informales, la evasión y la elusión.

Es desafortunadamente curioso, como nuestra economía que tiene mucho de “el que peca y reza empata”, evitó caer fuertemente gracias a nuestros “pecados”. Un buen ejemplo de esto, es el gasto de los hogares, que al sentir inflaciones altas en 2015 y 2016, cambiaron de canal de compras, buscando menores precios y dejando atrás la búsqueda de la calidad o de las marcas.

El caso del vestuario es un buen ejemplo de esto, donde el contrabando sigue siendo una fuerte amenaza al mercado, y hasta incluso en el mercado de los acietes del cocina que la informalidad explica una buena torta del mercado y si hablar del mercado de carne en el país.

Estos “permisos” que nos damos, como consecuencia de las transiciones económicas y productivas que hemos tenido, son el enorme dolor de cabeza de las autoridades monetarias, pero en 2014-2017, ayudaron a salvar la economía.

Esto nos debe dejar una serie de lecciones muy profundas. La primera es que nuestra economía no puede depender del precio de un producto en el que no somos relevantes, y que los fenómenos climáticos continuarán, y que las autoridades deben tener una solución clara y concreta, para evitar volatilidades en el precio de los alimentos y tener mecanismos de abastecimiento. Ambas son lecciones duras y que requieren política pública y no de titulares.

Lo que nos deja que esta informalidad, que es parte fundamental de “nuestra economía a la colombiana”, debe seguir su tránsito a la legalidad, pensando en el bien de muchos y no en la protección de unos pocos. La economía de un país refleja su cultura, y la nuestra hoy tiene dos caras: la de la dependencia de los mercados globales básicos y la dependencia de nuestras debilidades. Y esto tenemos que pensarlo.

domingo, 30 de abril de 2017

EL CONVENIENTE: HAY UN NUEVO TIPO DE COMPRADOR EN COLOMBIA, Especial para P&M

EL CONVENIENTE: HAY UN NUEVO TIPO DE COMPRADOR EN COLOMBIA
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR Consumer Knowledge Group
Abril de 2017
Especial para P&M

Hoy hay un nuevo comprador en Colombia y aun no es claro si creará a un nuevo consumidor.

En 2016 y comienzos del 2017, ocurrieron 2 fenómenos que no se presenciaban hace más de 16 años: una inflación cercana al 9% y un cambio en la tasa general del IVA. Ambos efectos aumentaron el precio de muchos productos y causaron que los colombianos debieran tomar decisiones en sus estructuras de compra.

El comprador colombiano no es pegado al peso como muchos creen, pero sin duda muchos colombianos si lo somos en algún momento. Por esto, lo que ha pasado en los últimos 24 meses, han causado la semilla de la creación y consolidación de un nuevo tipo de comprador en Colombia, que ha encontrado en las tienda de precios bajos un escenario increíble para crecer.

Los hard discout en Colombia no son hard discounts, son líder Price; es decir, no son espacios de descuentos y promociones como lo puede ser un outlet donde las mismas cosas se consiguen más más baratas, sino son un espacio que busca siempre tener el precio más bajo en una categoría de producto.

Eso ha permitido que muchos estén comprando muchas cosas ahí, pagando menos, incluso un 30% en muchas categorías. A esto se debe sumar, que son compras más fáciles y rápidas, haciendo que la sensación de beneficio sea más alta.

Así, este comprador se está ahorrando una buena cantidad de dinero, pero está cayendo en un ajuste de comportamiento de consumo muy importante. Las unidades ofrecidas en estas tiendas son más pequeñas, y esto ayuda a que el precio sea más barato.

Por esto, el nuevo comprador en Colombia, que bien se podría llamar “el conveniente”, hace compras de conveniencia, de productos de nuevas marcas, con precio más y menor tamaño, y ha aumentado sus misiones de compra mensuales, porque ahora va a las grandes cadenas a comprar unas cosas, a estos formatos a adquirir otras, a las plazas por el fruver e incluso a los San Andresitos a comprar ropa.

Como mencionaba en la columna pasada, este cambio de mercado ha expuesto la promesa de bienestar de las marcas, que solo se pueden defender de productos con mejor precio, por medio de una oferta de valor clara o de lo contrario serán productos con logos y no productos con marcas (Branless ó Logoland). Porque en muchos casos los productos que allí se consiguen tiene la misma calidad que los productos de la marcas tradicionales, lo que ha causado que el comprador prefiera pagar menos y el consumidor este distanciado de las marcas de toda la vida.

Lo que no es clara aún es si este tipo de comprador “conveniente” podrá seguir por mucho tiempo o llego para quedarse. La primera amenaza es que estas tiendas puedan continuar con ese modelo de negocio, que llego a ser de más de 4 billones de pesos en 2016, pero con utilidades negativas; lo segundo es que la cantidad de misiones de compra puede comenzar a cansar a los compradores, que cuando sientan que la inflación baja y las cadenas de supermercados y las marcas reaccionen, vuelvan a su situación inicial. Lo que sí es claro es que este formato de tiendas llego para quedarse, pero requiere de varios ajustes.

Este comprador tiene un riesgo enorme para el mundo del mercadeo. Causa menores volúmenes de compra en muchas categorías, causando que el consumidor deba cambiar muchos de sus comportamiento de consumo, porque no solo está cambiando de marca sino de cantidades del producto, y esto si puede afectar a muchas industrias en largo plazo. Situación que la gente está sorteando en muchas categorías con “autojustificaciones”, porque se dice a sí misma, que “si compré lo mismo, más barato, esto es mejor”, e incluso llega a pensar que realmente es mejor, en categorías donde esto no es cierto, y eso hace que no solo el consumidor consuma menos cosas, sino que crea que las cosas que está comenzando a consumidor son mejores que las de antes.

Como vemos la llegada de este nuevo comprador, puede causar un nuevo consumidor, que consume menos y que es menos exigente y educado, casi un “conformista”, que por comprar lo más barato, simplemente no le pide al producto un valor que sea relevante.

Así, la lógica de minimizar costos de este nuevo comprador, puede causar el seguimiento del peor consumidor de todos: el que no quiere estar mejor. Veremos qué pasa.

martes, 11 de abril de 2017

¿COMO DINAMIZAR LA DEMANDA?, Columna para Portafolio

¿Cómo dinamizar la demanda?
Por Camilo Herrera Mora

Ante el freno en la demanda y el aumento de los costos, existe la enorme tentación de despedir personal, con el fin de ajustar los costos y lograr una mejor sostenibilidad en las empresas. Hoy muchos empresarios están tentados a esto, pero antes de hacerlo deben pensar en dos razonamientos lógicos, que ante la necesidad los olvidamos.

Hoy el mercado crea empleos a muy baja velocidad, debido a que las empresas existentes no están demandando mano de obra, ya que su máquina de producción va lenta por falta de demanda, y hemos entrado al círculo vicioso de no contratar personas – o incluso despedir -, causando un mayor freno en la demanda.

Hoy Colombia tiene más de 750.000 empresas (casi una por cada 70 colombianos), que si tomarán la decisión de contratar cada una, una persona más, el empleo crecería de manera impresionante, porque a febrero de este año solo creó 32.000 puestos de trabajo en un año. Esto reactivaría la economía y nos devolvería rápidamente a la senda de crecimiento.

Pero no contratar personal o despedir empleados, tiene un problema adicional que es muy complicado en el mediano y largo plazo: la pérdida de mano de obra calificada y comprometida.

Un duro ejemplo de esto es el de la industria textil y confecciones en Colombia, que en 2007 despidió a muchos de sus empleados por la caída de las exportaciones de Venezuela y Ecuador, y hoy no consiguen personas capacitadas para el trabajo, sobre todo en máquinas planas, complicando seriamente el crecimiento del sector.

Despedir un empleado hoy, es perder un activo irrecuperable, en experiencia en la labor, conocimiento de la categoría y vínculo con la empresa. Contratar un empleado hoy, es tener una persona agradecida porque ante las dificultades le dieron una oportunidad, y debe comenzar su proceso de entrenamiento.

La tecnología está desplazando mucha mano de obra en diversos sectores, y la caída del precio del petróleo redujo el rol de muchas otras empresas, pero curiosamente, cada vez más crecen los sectores donde del servicio personalizado es la clave de la ecuación de valor, y allí hay una enorme oportunidad de crear empleo en el país.

Pensemos más como empresarios que como financieros. En este momento las cosas van lentas y debemos acelerarlas, y para eso necesitamos más gente con ingreso dispuesta a comprar más cosas, y para eso necesitamos que haya más gente empleada, más empresas creándose y más productos en el mercado.

Sé que la tentación de reducir costos es grande, y que las metas comienzan a apretar, pero en este afán perdemos de vista dos objetivos fundamentales de la organización: vender más y vender mejor, que son el motivo de nuestra existencia como empresas. Existimos para satisfacer las necesidades del consumidor, y esto lo hacemos vendiéndole a mas consumidores mejores cosas y para eso necesitamos más personas con ingresos, y no todo lo contrario.

Así que cada vez que escuche que un empresario le diga que “hizo recorte de personal”, dígale que el mismo se redujo su demanda en la misma cantidad de personas que decidió despedir; y que esos exempleados aprenderán de otras cosas, y el día de mañana, no volverán a ayudarle por muchas razones.

¿Usted, empresario, ya aumento su planta en una persona este año?

viernes, 31 de marzo de 2017

¿LOGOLAND O BRANDLESS?, Especial para P&M

¿LOGOLAND O BRANDLESS?
Por Camilo Herrera Mora
Presidente de RADDAR Consumer Knowledge Group
Marzo de 2017
Especial para P&M


D1 le está dando una dura lección al mundo del mercadeo: como consecuencia de hacer las cosas mal, hoy la gente está pasando de preferir marca a producto, pese a las consecuencias de esto.

Es difícil saber si lo barato sale caro y mucho más, saber cuánto. Hoy muchas personas están comprando cosas más baratas con un servicio menor, bajo la premisa que tienen un precio más bajo, y eso justifica que se pierda la satisfacción de los productos que veníamos usando. El gran problema es que no es así, sino que la gente está comprando cosas por menos pesos y teniendo mejores resultados.

Por años, las marcas dejaron de ser marcas y se convirtieron en logos, y esa fue su condena. Se dedicaron a decir que ellos eran la marca más recordada y se sentían “la más”, mientras perdían sistemáticamente en indicadores como la más recomendada, en retorno de compra del consumidor, e incluso en su vínculo emocional con sus consumidores; ¿por qué pasó esto?, es muy sencillo: volvimos a vender productos y no soluciones a nuestros clientes.

Muchas marcas se construyeron bajo la premisa de hacer cosas extraordinarias para personas comunes, y hoy hacen cosas comunes para personas que desconocen. Eso nos ha llevado a una guerra de precios y descuentos sin precedentes, donde el único valor que intentamos defender es el precio, lo que conllevó a la reducción de la calidades de los productos, la inversión en innovación y la contracción de los lanzamientos, creando el ecosistema perfecto para las marcas blancas y las cadenas de hard discount, donde los productos se nivelan por lo bajo y el comprador se autojustifica continuamente, afirmando que compró el mejor producto que podía comprar por tan poco dinero. Incluso, llegan a pensar que el producto de bajo costo, tiene los mismos atributos, calidades y beneficios que uno de alto valor; lo triste, es que en muchos casos es verdad.

¿Cuál es el verdadero secreto de los hard discount?, no solo es un precio bajo, sino la cercanía y el menor tiempo que le causa a la gente hacer una compra. Para lograr estos precios, usan una ecuación sencilla: menor servicio, menos costos fijos y menos opciones de elección para las personas, sumado a un proceso de compras muy duro para sus proveedores; así, logran llevar un precio bajo del producto al mercado, con un servicio menor y reduciendo los márgenes de sobreviviencia de los productores.

Esto no podría pasar si las marcas y las cadenas del comercio hubiesen hecho la tarea como debía ser, y hoy deben enfrentar a un enemigo muy fuerte que parte de la premisa de desvirtuar el valor que su competencia tiene, bajo la premisa de “lo estaban tumbando”.

Así duela reconocerlo, esto no es culpa de los hard discount, sino de las marcas, los productores, las cadenas de comercio e incluso de la publicidad misma, porque por años les mintieron a sus compradores, poniendo precios altos, para después bajarlos por medio de descuentos. Desde la teoría, esto puede tener algo de sentido, ya que es lógico lanzar un producto con un precio alto para capturar utilidades en los compradores que comprenden el valor del producto y pueden pagarlo, y después bajar los precios para alcanzar a los que ahora comprenden los beneficios pero no podían comprarlo, y así financiar el proceso de innovación de la compañía; el problema es cuando el descuento se convierte en una cotidianidad, perdiendo completamente su efecto redistributivo, y se transforma en el único mecanismo de las marcas para comunicar el valor de lo que hacen.

El camino ha sido largo y lento, pero seguro y firme. Pasamos de vender productos, a vender atributos y llegamos a vender beneficios, porque habíamos educado al comprador en valorar lo que un producto en particular puede hacer por él y mejorar su calidad vida, bajo la premisa de obtener el máximo beneficio posible al mejor precio del mercado; pero al destruir el mensaje, hoy el comprador busca el mínimo beneficio esperado y el precio más bajo posible: pasamos de buscar el “mejor” valor posible, a buscar “menor” valor posible (es increíble lo que significa un cambio de letra).

En la primera década de este milenio vivimos en un mundo de marcas y ahora vivimos en un mundo de logos, porque las etiquetas ya no nos sirven para mostrar nuestros grandes beneficios, sino para que el comprador busque si cumplimos con los atributos mínimos. Las marcas se convirtieron en logos, y el comprador lo comprendió

martes, 14 de marzo de 2017

TODA TRADICION FUE UNA INNOVACION, Columna para Portafolio

Toda tradición fue una innovación
Por Camilo Herrera Mora

¿Lo nuevo o lo viejo?, es la gran pregunta del mercado, y la gran verdad es que toda cosa vieja fue nueva algún día, y toda cosa nueva será vieja. El debate se ha centrado en el concepto de innovar, bajo la premisa que las cosas nuevas son más llamativas para el mercado y que las cosas que ya están no están logrando satisfacer a los consumidores.

Estas premisas no son ciertas. Hay muchas cosas que no han cambiado y continúan siendo vigentes, porque han logrado cumplir con su objetivo; otras por el contrario avanzan al ritmo de los avances tecnológicos, y deben mantener la curva de transformación, sin perder en el fondo su esencia, como es el caso de la moda.

El mercado hoy necesita un sano equilibrio entre lo innovador y lo tradicional, ya que en muchas cosas requerimos mejoras sustanciales y en otras es necesario que los productos sean un punto de referencia. La velocidad del cambio tecnológico va inevitablemente acompañado de la redefinición del rol de muchos productos como el colchó de la cama. Ese colchón hoy no solo sirve para dormir sino para cenar, trabajar, jugar, ver películas, televisión y leer libros, porque cada vez más le damos más usos a un producto que básicamente no ha cambiado en nada, demostrándonos que no es necesario plantear cambios dramáticos a los productos, sino darles nuevos momentos de consumo.

El punto es que debemos estar pendientes de los cambios de comportamiento del consumidor, para plantearle mejores soluciones a sus necesidades, así estas no signifiquen lanzar un nuevo producto. Por diversos motivos creemos que lo nuevo es lo mejor, y que muchas de las cosas que usaron nuestros padres no son necesaria o son mal diseñadas, pero esto lo decimos mientras pensamos en volver a usar pantuflas por el frio que está haciendo en la ciudad, pese a que muchos se reían de sus padres por usar esas cosas.

Muchas de las cosas que hoy están el mercado funcionan bien y solo con enseñarle a la gente a usarlas correctamente o de maneras inesperadas, las condiciones del mercado pueden mejorar profundamente. Lo mismo ocurre si hay cambios de tendencias, como ha ocurrido con los matrimonios, donde cada vez más nos invitan a fiestas blancas, y nos ha tocado comprar guayabera y pantalón de lino.

El mercado colombiano está en un momento donde es fácil caer en la trampa de hacer cosas mal hechas y perder mucho dinero en el proceso. Las guerras de descuentos ya son casi inútiles, porque la entrada de productos de marca blanca y de cadenas de descuentos, se han llevado a los compradores de precio y capturado una parte no despreciable del mercado.

En este momento, más que nunca, toca hacer las cosas bien, porque al haber menos recursos, el riesgo de equivocarnos puede significar una pérdida muy grande. Por esto, las compañías están revisando con mucho cuidado entre sus productos líderes y los lanzamientos que van a hacer, para mantener la tradición y de allí liderar la innovación, porque las que ya están en el mercado tienen la ventaja de tener una relación previa con el comprador y esto hace que este más dispuesto a probar cosas nuevas de los de siempre.
2017 será un año de grandes innovaciones y de la consolidación de grandes tradiciones.

miércoles, 1 de marzo de 2017

¿CUANTO NOS COSTARA EL IVA?,

¿Cuánto nos costará el IVA?
Por Camilo Herrera Mora

Si el IVA causa una inflación de un punto porcentual como algunos analistas esperan, el costo puede ser incluso de un punto completo del crecimiento del PIB. Este simple análisis se puede establecer con la relación entre el PIB corriente y el real, y más aún con la historia de la implementación del IVA en los hogares colombianos.

El IVA llega a los hogares en 1983, de la mano del presidente Betancur, con una tasa general del 10%; la cual es aumentada por Gaviria, Samper y Pastrana hasta dejarla en el 16%, con una única excepción de reducción en 1999 por parte del presidente Pastrana, que se la jugó a aplicar la curva de Laffer en momentos en que la economía se frenaba y este mensaje no fue suficiente.

En 1983, 1990, 1993, 1996, 1999 y 2001, años en que la tasa general de IVA cambió, el freno en el gasto de hogares y en el crecimiento del PIB fue claro. Esto se debe a que causó una mayor inflación y una menor capacidad de compra en los hogares, generando una menor velocidad de crecimiento en la demanda interna y una sensación desconfianza del mercado.

La tasa general del IVA no se cambiaba desde hace 16 años, lo que significa que las personas entre 20 y 36 años nunca habían vivido esto, situación que es nueva para ellos y hace que su comportamiento como comprador sea diferente y mucho más en un entorno donde la percepción de corrupción es tan alta, y la excusa de no querer pagar impuestos para que se los roben, será fuerte gasolina para el mercado informal.

El recaudo por el nuevo IVA seguramente será mediocre este año, debido a la menor dinámica de la demanda y al aumento de precios de los bienes durables, lo que hará que muchos tengan como atacar al gobierno sobre la ineficacia de la medida, y dará pie para muchas propuestas de campaña presidencial al respecto: no hay nada más popular que decir que se va a bajar el IVA.

En promedio un hogar asigna cerca del 5% de su gasto al pago de IVA, y con la nueva medida esto puede subir ligeramente, pero en su percepción las cosas estarán mucho más caras, porque lo que se cree es que las cosas ahora cuestan un 19% más, y eso hace que muchos compradores potenciales se demoren en darse cuenta cual es el precio real de las cosas y en ese momento pensarán en comprarlas.

Febrero fue el mes en que la medida quedo aplicada completamente y seguramente pasará una fuerte cuenta de cobro al gasto de los hogares y la confianza de los consumidores, inclusive más que el mes pasado, que fue realmente difícil para el mercado.

El IVA es una buena medida para el recaudo de ingresos para el gobierno, pero al afectar directamente los precios y la sensación de costo de vida, tiene una implicación directa en la percepción de las personas, que sienten que las cosas son más caras, en un momento en donde no todo anda bien. Para confrontar esto, el gobierno debe mostrar que esta mayor tasa de IVA es para recuperar la economía, mejorar las finanzas públicas y acomodarnos ante la caída de los precios del petróleo. Reto muy difícil, pero posible.

¿MAL PRESIDENTE?, Columna para Portafolio Recibidos x

¿Mal Presidente? Por Camilo Herrera Mora En un chat de unos amigos muy inteligentes e informados, leí que estamos en un “Rookie Time”...