martes, 12 de abril de 2016

PASÓ UN TRIMESTRE DIFÍCIL, Columna para Portafolio

El gasto de los hogares se desaceleró menos de lo esperado. Se sabía que sería un trimestre difícil porque la inflación y El Niño frenarían el gasto; adicionalmente, el año pasado la semana santa fue en abril, y por eso al comparar con el festivo en marzo, por esto se sabía que los datos no serían buenos, porque se causan más o menos 2 días hábiles menos en el trimestre, lo que reduce la dinámica de gasto cercano al 3%, donde esperábamos un dato entre 1,5% y 2%.

El gasto de los hogares creció un 2,4% en términos reales con respeto al mismo periodo del año pasado, después de haber crecido al 4,3% en el primer periodo de 2015, y frenando ante un crecimiento anual de 4,3% en el último trimestre de 2015. Esta menor dinámica del gasto de los hogares se explica por el fenómeno calendario, por la inflación, la devaluación y sobretodo la emocionalidad de los hogares ante el tema político, y por la menor compra de carros.

Cuando salgan los datos de comercio del DANE de febrero serán positivos pero los de marzo no, por el efecto calendario, mientras la confianza del consumidor seguirá negativa, ya no solo por el efecto devaluación, sino por tema de inflación que está haciendo presión en los hogares. La gran pregunta, ¿es qué puede pasar ahora?, abril será un mes positivo, debido al efecto calendario de semana santa, y si la inflación comienza a ceder, puede que mayo tenga un mejor comportamiento, que se verá reforzado por la mayor capacidad de compra que podría tener la prima de mitad año. Es decir que, si la inflación comienza a ceder, el segundo trimestre tendrá un mejor comportamiento que el primero, pese al mal clima político en que estamos.

El tema de inflación depende de El Niño y de lo que el Banco de la República pueda hacer para contener inflación, pero el tema político cada vez pesa más en el ánimo de los hogares, que están en la zozobra del proceso de paz y de la reforma tributaria, mientras ven escándalos continuos en el gobierno nacional, que llevarán al Presidente a su popularidad más baja.

Es fundamental que el gobierno genere confianza en el mercado interno, porque el empleo va bien y si la inflación baja, las cosas pueden mejorar en el segundo semestre, y los hogares tendrán la capacidad de compra para dinamizar las cosas, pero esto solo ocurrirá si se sienten optimistas sobre el mediano plazo del país.

Se puede decir que ya pasamos el trimestre más difícil, pero como el tema del acuerdo de paz se alargó, tendrá efectos profundos en el comportamiento de gasto de bienes durables en los hogares, como en el caso de la industria automotriz, y claramente dependemos de la dinámica de inflación, que está fuertemente vinculada al aumento de servicios públicos, y no a las frutas como se ha mencionado recientemente.

El gobierno tiene como manejar el tema, pero debe tomar decisiones de fondo, como reducir la tarifa de la energía eléctrica a los hogares, que crece a tasa del 5% anual, con un ahorro del mismo monto, causando que los hogares que se están esforzando por colaborar, sientan de manera real un alivio en su canasta de pagos mensuales. Si los hogares se esfuerzan, es momento que el gobierno compense eso y equilibre la balanza.

lunes, 4 de abril de 2016

EL CONSUMIDOR TIENE MÁS DATA QUE NOSOTROS, Especial para Revista P&M

Un consumidor con un Smartphone y un servicio ilimitado de datos, tiene más datos de mercado, que los que tiene un CMO o un director de BI en una compañía. Puede saber dónde hay tiendas, a que precios venden, tiene aplicaciones que comparan precios, que recomiendan productos, e incluso puede cambiar su decisión de compra y hacerlo en línea, mientras esos directivos no tienen como responder a esa amenaza: hoy el comprador y el consumidor tienen los datos casi en tiempo real y el ejecutivo de la empresa, no.

Este reto redefine completamente nuestra relación con el cliente, con el comprador y con el consumidor, porque gracias a las aplicaciones, portales, comparadores, evaluadores y comentarios en la red, las decisiones de compra y consumo han cambiado radicalmente.

Nuestras acciones de shoppermarketing y trademarketing ya no las define nuestra acción en punto de venta, las activaciones, los lanzamientos y las promociones, porque el razonamiento de compra ya no implica per sé el punto de venta como tal, sino el producto, la calificación que otros clientes le han dado, y el precio comparado con otros puntos de venta.

Así, nuestras acciones de marketing se tienen que redefinir en función de la nueva jornada de compra del comprador, y el nuevo proceso en el momento de consumo del consumidor.

Antes el comprador definía que iba a comprar, averiguaba donde comprarlo, iba al punto de venta y buscaba el producto, donde su elección estaba en función de presupuesto, precio, marca, presencia del producto y algunos motivantes o distractores; ahora no solo tiene la oportunidad de hacer pretail en casa sino en la tienda, y eso hace que las reglas de juego hayan cambiado; lo mismo le ocurre al consumidor, más en este caso se suman youtube, Instagram y Pinterest que le dicen cómo puede usar el producto de diversas maneras, y no siempre las recomendadas por el cliente, arriesgando la promesa de satisfacción; es decir, perdimos el control en el punto de venta y en el momento de consumo.

¿Qué hacer?, cambiar de campo de juego obviamente. Los CMO tienen que dominar y conocer todo este entorno digital de compra y de consumo para saber en dónde y cómo hacer presencia, o de lo contrario, no solo se seguirán alejando del comprador, sino que perderán el control del juego.

Si a esto se le suma que la tienda de barrio, la droguería y las personas que promueven las ventas por catálogo, ya tienen datafonos, el ecosistema cambio complemente, y el discurso que anticipábamos de “go to market” a “go to consumer”, ya es un hecho real.

Sin lugar a dudas esta conectividad llegará a los lineales y las neveras, como lo ha hecho el botón de de Tide, que es uno de los que se adelantó en la carrera, causando un juego de lealtad muy fuerte, y casi monopólico, que inclusive le puede ser costoso para sus propias innovaciones.

¿Cuál es la gran amenaza?, que Apple acaba de lanzar Iphone SE que masificará aún más los Smartphone y si a esto se suma que hoy los niños ven más contenidos “televisivos” en las redes (si aún tiene sentido decir esto), es evidente que la demanda cambia mucho más rápido que la oferta.

Mientras tanto los CMO siguen comprando estudios, analizando datos, pensado en que pasó, cuando la pregunta fundamental es qué va a pasar y como estar preparado para eso. Aquí y particularmente aquí es donde se diferencia un líder de un seguidor: el líder define las condiciones del mercado para definir el futuro, y el seguidor se sigue preguntando qué pasó.

Básicamente, si el comprador y el consumidor tienen acceso a los datos, los CMO tienen que tener mucho más que eso. Antes tenían los datos y les daba una ventaja, ahora su demanda sabe más que ellos, por eso la reglas deben de cambiar.

Siempre he pensado que es mejor conocer el futuro que adivinarlo*, y eso solo se logra cuando uno define el futuro, lidera las innovaciones, educa al consumidor, y esto se hace por segmentación objetivo y no por segmentación estadística, pero pensar así requiere un nuevo ADN en los CMO colombianos, que siguen pensando como son los millenials y si la gente de estrato 4 es diferente a la del 6, como si aún tuviese sentido pensar en ahorrar costos de un carro, quitando las opciones de ajuste personalizado digital.

Llego el futuro y primero lo adapto el consumidor que la industria. Es momento de reaccionar.

Nota: fue un slogan de RADDAR hace muchos años, y es el concepto de nuestra línea de consultoría

martes, 29 de marzo de 2016

OTRO DEBATE DE REDISTRIBUCIÓN, Columna para Portafolio

Continúa el debate superficial de Redistribución del Ingreso en Colombia, después de la controversia entre las cifras del DANE y las de CEPAL, que ha sido enardecido por la visita del Profesor Piketty a Colombia, para presentar sus estudios sobre este tema.

Digo superficial, porque el debate no sólo se aborda desde lo polémico, sino desde un pobre manejo de los datos y de las opiniones. En el caso de los datos del DANE, el instituto estadístico nacional lo único que hizo fue replicar el mismo método que ha usado por varios años, y eso le dio un dato de 0,52 y la CEPAL hace una nueva medición incluyendo más información, y le da un dato de 0,55, sin haber corrido la serie de datos hacía el pasado, y causando un efecto perverso en la credibilidad de la institución y obviamente del gobierno, que ya está bastante lastimada.

¿Qué el país tiene problemas de distribución del ingreso?, pero claro, y de tierras, riqueza, oportunidades, educación, salud y seguridad entre otros; más, otra cosa es que un organismo internacional salga a contradecir un dato oficial sin explicarlo bien.

Ninguna medición es exacta, y menos si se basa en encuestas, donde existen márgenes de error y niveles de confianza, y no todas son comparables, porque si a una medición se le adiciona una fuente más fina, sin duda el dato será diferente. Para ver un buen indicador es fundamental ver su medición en el tiempo, respetando la misma metodología y los mismos instrumentos, cosa que no hace el estudio de la CEPAL, y por la razón que sea, los medios lo presentaron como un error del DANE y dejando la sensación que es un dato amañado por el gobierno de turno.

Debemos aprender a respetar nuestras instituciones y no quedarnos con la ligereza de la inmediatez de la noticia, porque sin querer se puede presentar información que da para desinformar, desconfiar, desconocer y afectar la credibilidad de los organismos del Estado, por el simple hecho que el ciudadano no cree en ellos porque los considera mentirosos, al no reflejar su difícil realidad en los grandes números, porque si de 10 colombianos, a dos les va mal, son esos los que dirán que las cosas no van bien, y los otros 8 casi siempre se quedan callados, o dicen que las cosas aún podrían ir mejor.

Es fundamental medir las cosas bien y continuamente, y no estar cambiando de métodos y definiciones constantemente, o de lo contrario, no se sabrá a ciencia cierta la verdad de los efectos de las políticas públicas y privadas en el mercado. Cada día habrá una nueva definición de pobreza, porque los alcances de este concepto son dinámicos y son relativos al entorno del que se hable, porque no es lo mismo ser pobre en Colombia que en Suecia, donde ellos mismos dicen que tienen al 14% en esta situación.

El análisis de información económica, tiene el inevitable efecto de influir en la población y en las decisiones de los agentes económicos, y por esto debemos ser muy cuidadosos en lo que se dice y cómo se dice, o de lo contrario se pueden tener efectos adversos en el mercado. El DANE hace bien la tarea y sin duda la podría hacer mejor, pero el tema es mas de presupuesto que de injerencia política en su trabajo. Respetemos más el trabajo de los que hacen las cosas bien.

sábado, 5 de marzo de 2016

PRESIDENTE, RADIQUELA YA, Columna para Portafolio

Señor Presidente, con todo respeto, como ciudadano, le pido que radique la reforma tributaria ya. El país requiere dar ese paso, no sólo para mejorar su situación fiscal, sino para darle luz a los hogares y a los inversionistas para tomar decisiones. Comprendo lo complejo que es hablar de impuestos en momentos de los diálogos de paz y más aún en su fase de refrendación.

Claramente no he sido Presidente de la República para poder comprender lo complejo que es estar en el poder nacional, pero si he aprendido de buenas conversaciones con expresidentes nacionales e internacionales, que el poder sufre de la tentación de la popularidad, sobretodo en un escenario democrático y presidencialista como en el que vivimos.

El debate entre hacer lo popular y hacer lo correcto es muy complejo. A la gente le encanta que un Presidente haga cosas que le gusten a todos y donde nadie tenga que asumir una responsabilidad directa, pero en muchos casos se deben hacer cosas que nadie quiere hacer y el tema tributario es uno de los más difíciles de manejar. Personalmente creo que la palabra “Impuesto” es una de las mejores de nuestro idioma, porque nos recuerda que debe ser una imposición, porque nuestro modelo democrático no ha construido los mecanismos y los resultados para que pagar impuestos sea voluntario.

Ya el país sabe que viene la reforma, y diversas voces han dicho que usted no la presentará hasta que no pase la refrendación del proceso de La Habana. Más, estoy seguro que usted sabe, que la inquietud que genera el no presentarla puede ser mucho más dañina para ese proceso que hacerla. El país tiene la madurez necesaria y los medios de comunicación la seriedad requerida, para llevar el debate al país nacional con información clara y concreta; situación que se sumaría a una clara comunicación de su despacho y del señor Ministro de Hacienda para explicarle a la gente qué es la reforma, por qué se necesita y sobretodo eso como les afectará el bolsillo, donde a mis cálculos personales, no será superior al 1% del gasto de los hogares.

¿Por qué debemos pagar impuestos?, porque somos un Estado Social de Derecho, donde el Estado – que somos todos – debe asegurar el cumplimiento de los derechos de las personas, y esto tiene un costo, porque la educación, la salud, la seguridad, la justicia y la infraestructura no se pueden dar sin financiarlas. Sé que desde tiempo atrás los colombianos se excusan en la corrupción para evadir su responsabilidad de pagar impuestos, pero también sé que saben que han sido beneficiados por ellos, y que cada peso que pagan hoy de impuestos, hace un mejor país para sus hijos.

Es fácil señalar las grandes deudas del país con sus ciudadanos, pero es difícil que cada uno asuma la deuda que tiene con su país. No hay forma de construir un mejor país sin sacrificar algo de nosotros mismos, de nuestros esfuerzos, de nuestras horas de trabajo, del patrimonio que hemos construido para los nuestros. No es un tema de generosidad, es un tema de responsabilidad.

Sé que el momento es complejo. Muchas cosas afectan la economía y la política nacional, pero esto no debe ser un motivo para no asumir la compleja responsabilidad de un Presidente: hacer las cosas que se deben hacer, pese a que sean impopulares, como usted lo ha hecho con la paz.

martes, 1 de marzo de 2016

LA DICTADURA DEL CONSUMIDOR, Especial para Revista P&M


Es incomodo aceptarlo, pero la verdad, es que como consumidores no sabemos que queremos. Tenemos alguna idea sobre las necesidades que tenemos, pero la mayoría no tenemos la capacidad de encontrar la solución para satisfacerlas.

En los últimos años, ha tomado carrera un concepto en mercadeo, que al ser mal entendido, se ha convertido en algo muy peligroso: se dice que el consumidor tiene la razón, y esto no es verdad.

Es muy parecido al concepto que tomó fuerza en los ochentas, donde se decía que “el cliente siempre tiene la razón”, y esto llevó a una profunda fractura en entre los clientes y las empresas, ya que, al caer en la dictadura del cliente, la innovación e incluso el servicio se vieron profundamente afectados.

La verdad es que como consumidores no sabemos que queremos, y es la industria la encargada de plantearnos los productos y servicios que buscan solucionar nuestras necesidades. Si fuese cierto que el consumidor es quien define los productos, muchas grandes invenciones hoy no existirían: el inodoro, el carro, el televisor, el teléfono, los tenis y muchos otros más.

Muchos de los productos nacen de un proceso de investigación que hace una persona para solucionar un problema personal, pero esto no se puede entender como que fue un consumidor el que dio la respuesta, sino un profesional que uso sus capacidades y conocimientos para solucionar un problema.

Una cosa muy diferente es comprender que hacemos cosas para satisfacer las necesidades del consumidor; como en el caso de la industria de la moda, donde los diseñadores se inspiran en la cotidianidad de las personas para crear sus colecciones; esto puede ser llamado inspiración, pero la verdad es que es una adaptación de una idea de otro, es decir es una forma de copia, como lo plantea Johanna Blakey, que permite asegurarse que esa propuesta puede ser aceptada por el mercado. Otro buen ejemplo es la industria de alimentos, que desarrolla miles de productos que nunca hemos visto y nunca hubiésemos imaginado, pero al probarlos nos encantan. Quisiera conocer a alguien que les hubiese dicho a los japoneses, que lo que quiere es un rollo de arroz con pescado crudo envuelto en un alga.

A veces, como consumidores nos parecemos más a un niño, que puede decir que no quiere comer algo, pero al probarlo le gusta, o incluso a un novio indeciso que no sabe qué hacer esta noche. Nuestro rol es guiarlo en el consumo de nuevos productos que mejoren su nivel de satisfacción de necesidades y de uso de los productos, como se ha hecho con los carros, que hoy pesan menos y por ende consumen menos combustibles, pero para eso se debió trabajar con materiales más livianos, pese a que el consumidor estaba acostumbrado a las latas fuertes.

Como consumidores mayormente somos renuentes al cambio y adversos al riesgo, y probar cosas nuevas nos cuesta mucho, porque no sabemos si nos gustará y algunos tememos enfrentarnos al problema de darnos cuenta que estábamos equivocados en lo que creíamos que era correcto.

La dictadura del consumidor puede llevar a las empresas a caer en un serio problema de continuidad de producto, fin de la innovación y pérdida de sostenibilidad.

En momentos de desequilibrio económico como los que vivimos hoy, es claro que ese temor al cambio puede ser mayor, porque pocos estamos dispuestos a pagar por algo que puede que nos guste; pero visto de otra manera, es una enorme oportunidad de decirle al mercado que tenemos una mejor solución para ellos y que solo basta con probarlo. La industria de alimentos ha hecho esto muy bien por años, ahora la industria de vehículos lo hace con el testdrive y muchas otras con pruebas gratis del producto, asumiendo el riesgo de perder valor frente al potencial cliente.

Una cosa es cumplirle al consumidor a como dé lugar y otra cosa es hacerle caso ciegamente. Como empresarios tenemos la responsabilidad de mejorar las condiciones del mercado, y muchos casos esto significará sacar al consumidor de su zona de confort, que no por ser cómoda es la correcta, como viene ocurriendo con muchos productos que son negativos con el medio ambiente o incluso con la dieta necesaria para las personas.

Estoy casi seguro que, si le pregunto a mi hijo que, si quiere desayunar todos los días con chocolatina, me dirá que sí, pero yo sé que eso no se debe hacer. Al final, toda dictadura es mala.

lunes, 29 de febrero de 2016

¡AH, EL MERCADO DE LOS MODA!, Especial para La Gazetta

¡Ah, el mercado de los Moda!, este mercado es diferente a todos y no es fácil de explicar. A veces, les digo trapos, porque para analizarlo como mercado, es bueno dejar de pensar en el enorme contenido estético que tienen y en la carga sociocultural que conlleva, pero esto es imposible, porque estos contenidos son los que hacen que tenga una dinámica especial.


2015 fue una escuela estupenda para comprender este mercado; en enero de 2014 el dólar estaba en $1.956, y en diciembre de 2.015 llegó a $3.233, lo significa una devaluación del 65%, lo que haría pensar, que los precios de la ropa en Colombia crecerían de manera desmedida y la gente continuaría con su armario en la moda de 2.014 y anteriores, pero en 2.015 el mercado vendió 4% más de prendas que en 2.015 según los datos de Inexmoda y RADDAR, con un aumento de precios de sólo el 2%. ¿Qué pasó?


Los colombianos compramos cerca de 15 prendas al año en promedio (desde medias hasta corbatas), y de estas sólo 5 – cómo máximo - son importadas, lo que hace que el mercado local haya podido encontrar la solución para seguir vendiendo prendas nacionales. Para comprende esto, es bueno ver que ha pasado con la industria, el comercio exterior y el mercado interno de este apasionante mercado.


La historia reciente es simple: Venezuela y devaluación. En 2007 nuestra industria producía cerca de 650 millones de prendas, de las cuales dejaba 429 millones en el mercado local y exportaba 225 millones, permitiendo un importante desarrollo del sector; pero con la caída del mercado venezolano y la devaluación de los últimos años, en 2015 se produjeron 562 millones de prendas, de las que solo se exportaron 85 millones; es decir la industria se redujo -14% en 9 años y en particular las exportaciones se contrajeron un -62%, con la fortuna que el mercado local creció cerca 11%, pero no pudo absorber la caída de las ventas al exterior. ¿por qué?, porque importamos más prendas para la venta en el mercado interno; en los mismos 9 años, el mercado interno paso de 553 millones de prendas compradas por las personas, a ser de 711 millones en 2015, con un crecimiento del 24%, causado en gran medida por un aumento del 65% de compras de los colombianos en prendas importadas.


¿Por qué paso todo esto?, Todo tiene que ver con la apuesta del sector. La industria de confecciones se la jugó a importar a los vecinos y a producir para clase media en Colombia, ya que no podía competir con los precios de Asia en clase baja, ni contra las grandes marcas globales en clase alta; este juego les salió caro cuando Venezuela cerro la frontera en 2007 y con la intensificación de la devaluación que llevo el precio de la prenda importada a ser mucho más competitivo que la producción local, y esto permitió la entrada de los jugadores de marcas masivas de los Estados Unidos y varios de los gigantes de prontamoda, cambiando completamente el ecosistema del comercio y de marcas de moda en el país. Así, las prendas importadas pasaron de ser el 25% del mercado en 2007, a ser inclusive el 43% en 2013; situación que se ha corregido, siendo el 33% del mercado en 2015.


Más allá la estrategia de la industria, es claro que los colombianos cada vez compramos más ropa al año, lo cual nos debe poner a pensar que el tema no es solo un tema de la industria y del sector, sino de la realidad nacional en muchos de sus aspectos. Entre 2007 y 2015, el ingreso per cápita de los colombianos se duplicó, permitiendo aumentar su calidad de vida de una manera importante, aumentando su capacidad de compra, bancarización, capacidad de endeudamiento y conocimiento del mercado. En el sector de la moda, pasamos de comprar 13 prendas en 2007, a comprar 15 en 2015, gracias a que los precios promedio básicamente no han cambiado.


Este aumento de las compras es consecuencia también de la expansión de los centros comerciales, las ventas por catálogo y por internet, que han dinamizado el mercado interno de manera muy importante.


2015 logró voltear muchas tendencias a favor de nuestra industria, lo que nos deja con 2016 con grandes oportunidades. La producción de confecciones creció 1% frente a 2014, donde las exportaciones aumentaron un 1% en toneladas, cayeron un 6% en dólares, pero crecieron un 29% en pesos, lo que indica que aún no aportamos de más a la economía, pero los empresarios lograron vender más, a tal punto que el empleo del sector creció un 3%.


Por el otro lado, las importaciones se redujeron de manera importante: importamos un 20% menos de toneladas de ropa, lo que muestra que el mercado local tiene la oportunidad de capturar parte de la demanda de los hogares.


Ahora el problema es complejo. Son pocas las marcas nacionales reconocidas y apreciadas por los compradores colombianos, ya que en muchos casos preferimos las marcas globales – aunque sea más por su prestigio que por su calidad. Esto hace que el reto no esté en este momento en los costos de producción (que subirán por el aumento del costo de la mano de obra y el mayor valor de los insumos importados), sino en el posicionamiento de marcas, y el valor percibido de las mismas. Porque al comparar un jean de GEF de $96.000 pesos, frente a uno de Chevignon de $198.000, la diferencia finalmente radica en el poder de cada marca, que incluye el diseño, la calidad, los materiales y el prestigio de la marca, y muchos colombianos por su nivel de ingreso diran prefiero comprar GEF porque es mas barato y es muy bueno, y otros lo harán porque realmente prefieren GEF sobre Chevignon por sus razones particulares.


Esto nos deja en un escenario muy interesante para 2016. El precio de los importados crece y debido a esto no se están importando muchos productos y marcas que veíamos en 2013, dejando enormes espacios de mercado para las marcas locales; pero estas no pueden cometer el error de pensar que pueden seguir compitiendo con el mismo producto y la misma marca.


¿Por qué debe cambiar la marca?, porque las que tenemos no son lo suficientemente desarrolladas para el mercado que hoy tenemos. El comprador y el consumidor de hoy son muy diferentes a los de 2007, porque se dio un proceso de educación del mercado con la entrada de más productos y marcas. Por esto GEF, Tennis, Pat Primo, Studio F e incluso Carlos Nieto evolucionaron su marca con más experiencia, producto, comunicación y contenido, pero el grueso del mercado no lo ha hecho, a excepción del mundo del jean sin bolsillos, que pasó de ser una cosa “trashy”, a convertirse en un líder del mercado y un renglón fundamental de exportación.


El comprador 2016 pedirá mejor producto, más marca y los mismos precios, y como no podemos darle eso, nos toca cambiar la ecuación: les daremos un mejor producto, una marca diferencia y le pediremos que pague más por calidad y exclusividad, y esto permitirá el crecimiento de las marcas locales, y redefinirá el ecosistema de moda en Colombia. Sobra decir, que no será fácil.

2016, EL SOFISMA DE LA INFLACIÓN, Especial para la Revista Portafolio

A solicitud del honorable Dr. Don Jaime Viana Rojas, el Primero

Cerramos con una inflación alta en 2015. 6,77% es una cifra fuerte e inesperada por muchos, pero inevitablemente cierta: la canasta de Bienes y Servicios que mide el DANE cuesta un 6,77% en diciembre de 2015 frente al mismo mes del año pasado.

Tiene sus causas en cosas que se vieron gestar lentamente: mayor costo de los alimentos, de los importados, de los servicios públicos y de los arriendos, adicionalmente, Santa Fe volvió a poner de su parte con el costo de la boletería de las finales de futbol. Estas causas tienen consecuencias poderosas, porque la inflación de cierre de año tiene la trampa de indexar hacia el futuro una mayor inflación, ya que los servicios públicos, los arriendos, la educación y la salud; la gasolina, los alimentos y los importados dependerán más de los cambios de precios del mercado, pero ya sabemos que cerca del 25% de IPC subirá cerca del 7%.

¿Qué nos salvará de una inflación igual o más alta?, el ciclo agrícola o bien las importaciones de alimentos; quizá algo del precio de la gasolina y algunos productos que se puedan traer más baratos; algo parecido ocurrió cuando en 2008 se marcó una inflación del 7,67% y en 2008 se logró una del 2%, debido a la baja en los precios de los alimentos y una guerra de descuentos sin precedentes en el comercio, por el temor la baja dinámica de la demanda.
 
Fuente: DANE, Datos autor

Según el Banco de la República, la inflación puede ser el 4,5% a final de año, tiendo un pico máximo entre marzo y abril, donde comenzará el descenso hasta el final de año. Más, esta proyección nos pone a pensar que el primer semestre será muy difícil para la capacidad de compra de los hogares, que verá dinamizada en el segundo semestre de manera muy positiva.
 
Fuente: DANE y estimaciones del autor

El sofisma está en que creemos que la inflación son los precios y no es así. La inflación es el aumento de los precios, no los precios per sé, y si un precio no cambia en un año, la inflación que tiene es de 0%.

Un buen ejemplo es el precio de la papa. Si un bulto de papa costaba 30.000 pesos en agosto de 2014, y en agosto de 2015 ya se vendía a 50.000, es claro que se causa una inflación del 66%, pero si en agosto de 2016, el bulto de papa se vende a 60.000 pesos, solo se da una inflación de 20%, e incluso, si se vende al mismo precio, la inflación será de 0%. Ya sabemos que muchos productos agrícolas han subido de precio por poca oferta, es decir, porque hay poco producto en el mercado, y esto se tiene que revertir, lo que hará que los precios de muchos de estos productos tengan inflaciones de 0% o negativas, devolviendo la inflación a un nivel más bajo, pero esto ocurrirá en el segundo semestre del año, mientras el primero continuará con presiones inflacionarias.

Es decir, si logramos bajar la inflación a un 4,5%, significa que los productos agrícolas y algunos otros subieron sus precios por debajo del 3,6%, o quizá algunos bajaron de precio, teniendo inflaciones negativas que permitirían que esto pasará.

Desafortunadamente, el debate se ha centrado en quién tiene la culpa de los precios. Ha sido fácil señalar al comercio en este proceso, comenzando por el reetiquetado a final de año en la temporada de navidad y por las alzas de los precios de alimentos, donde existe una especulación en algún punto de la cadena, que viene afectando a los hogares y el indicador macroeconómico. Culpar al comercio es un enorme error, aunque es posible que algunos intermediarios y comerciantes estén aprovechándose de la situación, pero no las grandes cadenas o el tendero de la esquina, porque cada uno tiene una regulación particular de mercado.

El debate se debe centrar en comprender que las causas son externas y no internas, y buscar soluciones; porque con una devaluación acumulada del 70% en 16 meses, la inflación solo se ha visto afectada en un 7%, y el efecto de El Niño, ha golpeado a los cultivos con aumentos de precios de hasta el 80% (como en el caso del frijol), cuando las lluvias han caído más del 90%.

El gobierno ya subió el salario mínimo y el Banco de la República ha subido tasas, quizá esto cause un efecto de prudencia en el comprador, causando una baja de precios en ciertos productos por la menor dinámica de la demanda como en 2008, más veremos una inflación creciente hasta mediados de año. Es momento de tomar acciones de mercado.

¿MAL PRESIDENTE?, Columna para Portafolio Recibidos x

¿Mal Presidente? Por Camilo Herrera Mora En un chat de unos amigos muy inteligentes e informados, leí que estamos en un “Rookie Time”...