jueves, 20 de septiembre de 2018

PORQUE LOS COLOMBIANOS SOMOS POBRES --Revista P&M --

¿Qué se debería entender en Colombia por pobreza?

Es una pregunta muy difícil de responder, porque la definición de pobreza es dinámica y relativa; es decir, la definición de pobreza ha cambiado en el tiempor, porque no es lo mismo ser pobre hoy que hace 50 años y una cosa es lo que cada quien cree que es la pobreza.
Según esto, según los estudios del DANE, la población en pobreza monetaria en Colombia es menor al 26,9%, más cuando se le pregunta a las personas, el 29,6% se considera pobre, siendo esto más alto en las zonas rurales, donde la percepción llega al 51%.
Lo que muestra que las cifras y las percepciones no están tan desalineadas, pero al ver la medición de pobreza multidimensional, es el 17% de la población, porque considera mas cosas que solo el ingreso, sino el patrimonio y las oportunidades.
La clave es entender que Colombia no es un país de pobres, sino un país donde hay gente pobre.

¿En esa medida cuántos pobres hay en Colombia?

Depende de la medición; se declaran pobres 14´504.000 (29,6%); se estiman monetariamente pobres (es decir por ingreso) 13´181.000; y al medirlos según el método de pobreza multidimensional, solo serían 8´330.000,

¿Cuáles son las causas (sociales, políticas, económicas) de la pobreza en Colombia?

Sería maravilloso poder responder esta pregunta, pero la respuesta no es clara. La pobreza entendida como un problema de ingreso, tendría su origen en el empleo, la ocupación, los salarios, la educación, el modelo laboral e incluso la relación con las empresas;
La pobreza entendida desde lo multidimensional, tendría que ver no solo con acceso a educación, sino a la propiedad y acá hay un lio muy complejo, porque muchos campesinos tienen tierras, pero en valor no son comparables con las de la ciudad.
La idea de las políticas sociales es aumentar el ingreso de las personas para que puedan adquirir lo necesario y comenzar a consolidar su patrimonio y las capacidades para seguir mejorando su ingreso, es decir, ahorro y educación; esto se hace con cosas como el salario mínimo y los subsidios, pero para poder corregir la pobreza se necesitan más cosas, en particular cambios culturales muy profundos, para que la gente luche por dejar de ser pobre, ya que algunos (no todos) prefieren quedarse en condición de pobreza.

¿Podrán los pobres dejar de ser pobres, Cómo, Por qué?
Básicamente pensando diferente;
Ser pobre no es solo no tener plata o no tener casa, es no tener la capacidad de mantener el ingreso y la casa, y de mejorar eso.
La pobreza solo puede ser vencida, si las personas desean hacerlo; esto enormemente impopular de decir, porque parece incomprensible que la gente no quiera dejar de ser pobre, pero una cosa es lo que gente dice y otra cosa lo que la gente hace.
Por ejemplo, si una persona o un hogar han mejorado su ingreso, debería dejar de recibir subsidios, para poder dárselos a quien los necesita, pero son muy pocos los casos, donde las personas al aumentar sus ingresos, cambian de estrato socioeconómico.
Hay muchas trampas de la pobreza, como los subsidios y los impuestos, donde si dices que eres pobre te ayudan y si no lo eres debes ayudar.
Esto hace que no solo hay que cambiar las condiciones económicas, sino las socioculturales y las actitudes de las personas.

domingo, 8 de julio de 2018

¿NO SOMOS UNA NARCOECONOMIA?, Columna para Portafolio

El peso de la producción de cocaína en la economía colombiana en 2017 pudo ser cercano al 0,44% del PIB, y más o menos el 3% de las exportaciones en dólares.

Este cálculo sale de la atinada reflexión un editorial de la semana pasada en este diario, donde se analizaba que “Con respecto al impacto que esa suma tiene sobre la economía nacional, lo más fácil es usar como parámetro el precio que se habría discutido durante las reuniones que han puesto a Jesús Santrich al borde de la extradición: 1,5 millones de dólares por tonelada. Puesto de otra manera, las ventas brutas habrían ascendido a 1.381 millones de dólares, bajo el supuesto de que todo lo que se fabricó acabó siendo negociado al valor indicado.”, y si se estiman que se produjeron 921 toneladas, a un tipo de cambio promedio de $2953 pesos por dólar, fue una producción de $4,07 billones de pesos.

Se puede decir que esto no tiene opio ni mariguana, y que el peso de la “narcoeconomía” es más grande, pero estas cifras hábilmente planteadas por Ricardo Silva, nos pone en un contexto real: el mundo narco no es tan grande, y esto sustenta la tesis de muchos, incluso de la Juan José Echavarría, que hace poco defendía que esto no podía ser, porque no había tantos dólares en la economía como la gente creía.

Claro, 0,4% del PIB no es poca cosa, es un peso parecido a la industria de la silvicultura y la pesca o la elaboración de productos lácteos, y $4,07 billones de pesos la pueden ubicar como la “empresa” número 25 en ventas en 2017.

La producción de cocaína este creciendo en el país, porque es la única “exportación” que podía aprovechar la devaluación, porque no tiene un marco legal, y sumando el fin de las aspersiones, los cultivos debían crecer, lo que tiene a Estados Unidos preocupado, porque hay más producción, carteles más organizados y el precio medio de la droga en las calles baja, aumentando la demanda.

Ahora, supongamos que cada tonelada producida en Colombia se vende a un precio 100 veces mayor que producirlo en el mercado del menudeo en las calles de Norteamérica; si esto es así, es solo el 0,7% del PIB de los Estados Unidos, es decir, cerca de 140 mil millones de dólares; cifra exorbitante, pero muy pequeña para la economía más grande del mundo, que solo tendría un fuga de 0,07% de sus dólares por este motivo, dejando ver que ese no es realmente su problema, como muchos dicen.

Esta reflexión de Ávila, nos abre los ojos a ver que este negocio no es tan grande, y ya sabemos que ni es simple ni monopólico, por lo que sus implicaciones no son tan económicas como legales, morales y políticas; estamos a punto de ser descertificados, porque es innegable que la producción aumentó, bajo los precios y dinamizó la demanda, pero no por el proceso de paz, sino por la caída de los precios del petróleo y el cumplimiento del mandato del OMS sobre las aspersiones. Este es un gran reto para el próximo gobierno, pese la ventaja que ahora no debe atacar guerrillas sino carteles, aún debe enfrentar un mundo que no entiende el problema.

sábado, 30 de junio de 2018

¿CÓMO SER CONSTANTE ANTE EL CAMBIO CONTINUO?, Especial para P&M

Las cosas cambian a velocidades asombrosas y se nos pide que seamos constantes. Esta es la dicotomía que tienen muchas empresas en el mundo que se deben adaptar a los cambios, sin poder cambiar, ya que el mercado y sus consumidores le piden que no cambie, pero que cambie continuamente.

Ejemplos de cambio y adaptación hay muchos, como el caso de los carros de Tesla, que demuestran que el problema no es el automóvil per se, sino el combustible; las gaseosas con endulzantes diferentes al azúcar, que arriesgan el cambio en el sabor y la experiencia organoléptica del producto, para adaptarse una tendencia de consumo y conciencia; o el vestuario, que busca un equilibrio entre las prendas de prontamoda y las piezas básicas y clásicas, para reducir sus niveles de producción e impacto medioambiental.

En los puntos de venta, las licitaciones y las contrataciones, cada día hay nuevas ofertas y oferentes están retando las categorías de productos, planteando nuevas formas de satisfacer las necesidades, y compiten de frente con las marcas y productos que siempre han estado, desarrollando las categorías y en muchos de los casos aumentando los mercados, cambiando las reglas de juego, en un momento donde el cambio es necesario, pero la continuidad también.

Esta dicotomía, tiene diversas fuerzas que la mueven, y en particular la demográfica. En los últimos años, pasamos del concepto de “Nacen, Crecen, se Reproduce y Mueren”, a “Nacen, Crecen, No se Reproducen, y no Mueren”, cambiando la dinámica del mercado, porque la baja natalidad y la longevidad conllevan a que hoy vivan 5 generaciones diferentes al mismo tiempo, causando que se deba mantener lo esperado y generar nuevas cosas al mismo tiempo.

El mercadeo, entendido tanto como la ciencia del estudio de las necesidades y la capacidad de proponer soluciones para satisfacerlas, paso de estar en un mundo donde los jóvenes eran mayorías, a trabajar en un mundo sin poblaciones mayoritarias. Este hecho, irreversible en el mediano plazo, no solo conlleva el bajo crecimiento de los mercados, sino la consolidación de la igual de géneros, el fortalecimiento de un centro ideológico por encima de los extremos, y una tensión entre viejos y jóvenes más fuerte que en lo que hemos visto en la historia de la humanidad.

En la política ya se han visto las consecuencias de este proceso, como paso con el Brexit, donde los viejos ingleses, ganaron una elección que frenó el crecimiento de su nación. El mercado no ha sido ajeno, con la defensa del uso de recursos fósiles, ya no para la generación de energía, sino para millones de productos que usamos día a día.

A esto, se debe sumar el problema de la longevidad de las instituciones, al punto, que ya es común decir que las empresas que llevan mucho tiempo en el mercado, son vistas como las “dueñas” superpoderosas del mercado, y los nuevos emprendimientos son vistos como “independientes”, que “luchan” ante el poder de esos conglomerados, generando el errado discurso ético sobre el perverso poder de los grandes, olvidando que ellos fueron un emprendimiento en algún tiempo y que han luchado por años para estar donde están ahora.

Así, la longevidad institucional se convierte en un factor más en esta tensión entre la continuidad y el cambio, llegando a su máximo punto, en la realidad que China y Rusia tienen reelecciones permanentes, que permiten que un mismo mandatario este por mucho tiempo en el poder, mientras las otras naciones no lo pueden hacer, causando una “guerra” de potencias que se da a dos velocidades completamente diferentes: la del largo aliento y la de la necesidad de cumplir metas de corto plazo.

Esto mismo ocurre en el escenario laboral, donde estamos pasando de tener empleados comprometidos por años, a un grupo de nómadas laborales que cambian de empresa cada dos años, afectando la continuidad de las instituciones y migrando conocimientos y tecnologías entre diversos sectores productivos.

Hoy, las marcas, deben estar al tanto del cambio y ser gestores de él, mientras están defendiendo su tradición, y educando al consumidor continuamente; sus nóminas cambian a enormes velocidades, alterando los procesos y la creatividad, llevándolos a ser cada vez más procedimentales, para que puedan ser continuos en el tiempo sin importar la rotación del talento; las percepciones del consumidor cambian ante los nuevos hallazgos científicos, sobre nuevos insumos y sobre todo, ante la evidencia de los problemas de los viejos ingredientes, generando no solo cambios en la producción sino en las preferencias y exigencias de los compradores y consumidores.

Por esto, debemos aprender a vivir en esta dicotomía, donde lo constante ya no es el cambio continuo, sino que lo constante es poder estar en dos tiempos a la vez, o incluso más, porque tenemos 5 mercados diferentes al mismo tiempo, que nos piden desde las mismas cosas de siempre, hasta que cambiemos completamente nuestros productos.

Es momento de comprender que nuestra marca, también es un garante, que permite desarrollar nuevas marcas bajo la protección y sombra de la construida, para ofrecer nuevas ofertas de valor a los nuevos consumidores, y defender las soluciones tradicionales que se han convertido en “clásicos” para muchas personas.

Si bien, toda tradición algún día fue una innovación, también es cierto, que las tradiciones subsisten porque han sido exitosas en satisfacer las necesidades por muchos años.

Bienvenidos al marketing de hoy: ese donde debemos mantener el pasado y crear continuamente el futuro.

miércoles, 20 de junio de 2018

ES LA INFORMALIDAD, CARAJO! - Columna para Portafolio

Cuando se elimina o reduce un problema, inevitablemente se visibiliza el siguiente. Esto le ha pasado al mundo entero al reducir la pobreza, dejando como siguiente situación la concentración de la riqueza, el ingreso y la inequidad.

Pikety fue muy hábil en demostrar que mientras se reducían los índices de pobreza en el mundo, esto causaba concentración de capital, debido a las posiciones monopólicas de muchas empresas, que en un corto plazo, eran capaces de acumular riquezas como nunca se había visto en la historia de la humanidad.

Más, esto no tiene nada de nuevo; ya que la concentración de capital, los monopolios y las herencias son las asimetrías del capitalismo, que muchos han visto como el nuevo foco la política pública, pese a que lo han sido por años; gracias a estos defectos del modelo, es que el sistema tributario funciona como un mecanismo de redistribución, y todo lo que hoy se propone alrededor de esto, no tiene nada de nuevo.

En los países desarrollados, es común ver grandes donaciones de millonarios a diversas causas y legislaciones muy claras contra la presencia de monopolios privados (no públicos), pese a que la misma naturaleza del mercado, tiende a causar la reducción de oferentes, no por el esquema de competencia, sino por las preferencias de los consumidores y los beneficios de las economías a escala.

Hoy, el problema en el mundo es la inequidad, y en Colombia esta tiene un tono particular: la informalidad.

La informalidad es la condición en la que un mercado - ya sea laboral, productivo o comercial -, se desarrolla a margen de la ley, siendo alegal, sin ser necesariamente ilegal; por esto, no cumple con sus deberes tributarios, administrativos, laborales, sociales y ambientales, dejando al gobierno con un bajo margen de maniobra para normatizarlo y controlarlo, ya que dentro de esta informalidad se presentan diversas formas de generación de ingreso para familias y empresas, que crecen sin ser vigiladas y reguladas, causando grandes problemas al mercado, por la asimetría que genera tener – por ejemplo - un vendedor ambulante, frente a un local comercial.

Para reducir la pobreza, es necesario reducir la informalidad; y para generar más riqueza, es necesario reducir la informalidad. Es así de simple.

El mundo entero ha entrado a este nuevo debate, debido al éxito en la reducción de la pobreza – como ocurrió en Colombia -, como consecuencia de muchas políticas públicas y en particular de la reducción de las tasas de natalidad, la igualdad de género y la transformación productiva, recordándonos lo que nos decía Adam Smith, al afirmar que es muy importante estudiar y comprender el origen de la riqueza de las naciones, para lograr potenciarlo y así reducir sus efectos negativos como la pobreza, la inequidad y la concentración del capital.

Colombia comenzó hace unos años un proceso de transformación laboral muy importante, que ha logrado aumentar la formalidad laboral y ligeramente la empresarial, gracias a normas que estimulan la contratación de empleados, cambiando el rumbo de la historia económica del país.

Seguramente, tendremos una tasa de informalidad natural más alta que la del resto del mundo, debido a nuestras costumbres y normas, pero debemos focalizarnos en dejar de ser un país informalmente funcional y llegar a ser un ser país formalmente productivo.

miércoles, 23 de mayo de 2018

MATEMATICAS DE LA ELECCION, Columna para Portafolio

Una de las palabras más exactas en la democracia es la “elección”, porque los ciudadanos deben elegir a quien van a votar; lo que significa intercambiar la elección en un día, por una decisión que durará 4 años.

Las elecciones de Congreso nos mostraron que 7 de cada 10 votos son de centro derecha y solo 3 de cada 10 son de centro izquierda*; lo que no es consistente con el listado de candidatos presidenciales, ya que solo hay uno claramente definido como de centro izquierda, y los otros 5 de centro derecha; situación que arroja unas matemáticas relativamente predecibles: el candidato de izquierda puede sacar hasta el 30% de la votación y los otros el 70%, pero dividido en una media del 14%, que es lo mismo que dicen las encuestas hace varios meses.

Bajo esta matemática, la elección en primera vuelta será poco diciente de lo que será la segunda; porque es muy probable que la gane Petro, el candidato de centro izquierda, si es capaz de llevar todos los votos de esa tendencia a su nombre, con el reto que otros candidatos le van a quitar votantes en ese segmento. En la segunda vuelta, este candidato enfrentará cualquiera de los de centro derecha, con una desventaja de 3 a 7 por preferencias de los votantes.

Entonces, ¿a cuál elegir en la primera vuelta?, algunos dicen que a Duque para ganar en primera vuelta; otros dicen que Vargas Lleras para sacar a Petro de la segunda vuelta; otros dicen que a Fajardo, para llevar una opción diferente a la final; algunos dicen que por De La Calle, para quitarle votos a Petro y defender el proceso de paz.

El que es Petrista, la tiene fácil, pero el que es de centro derecha, tiene un abanico de opciones, que hacen que la primera vuelta sea impredecible: las encuestas dan a Duque un amplio margen y a Fajardo un ascenso continuo, y otros estudios muestran una oportunidad para Vargas Lleras, y parece que la oportunidad del Liberal, se diluyó en el camino.

Esto hace muy difícil que alguno gane en la primera vuelta, porque los tres son parecidos, pero con diferencias fundamentales, por su pasado, apoyo y propuestas, pero coinciden en la defensa de la historia institucional colombiana y de lo logrado en los últimos años.

Toma fuerza la idea de “en primera vuelta votaré por Él, y la segunda contra Petro”, lo que hará que el resultado tenga mucho de sorprendente en la noche del domingo, y donde se atacará a las encuestadoras que “fallaron”, y se buscarán explicaciones elaboradas, para lo obvio: “la gente voto por el que quería, y no por el que decían”, porque cada vez más el voto es secreto, y es uno de los mejores guardados, porque decir que se votó por uno u otro, define a la persona frente a sus amigos y familiares, y a muchos les gusta decir que “votaron por el ganador”, y a otros les gusta afirmar “que votaron a conciencia”.

Este domingo el país no cambiará, solo continuará sus enormes logros, donde pese a una guerra sin sentido, seguimos avanzando en el sentido correcto, sin extremos.

*Nota: en Colombia no hay ni izquierda ni derecha puras, y nuestro punto medio en una escala del 1 al 10, es 6,5, mientras en la región es de 5.

jueves, 29 de marzo de 2018

SE LES DIJO, Columna para Portafolio

A Carrefour, Cencosud, Zara e incluso se le ha advertido a H&M: Las empresas que entran a Colombia deben tener presente que acá las cosas son a la colombiana y no se puede hacer lo mismo que en sus países.

Una cosa es vender una Coca-Cola y otra cosa venderla en Colombia. Esta gaseosa es casi el mismo producto en todo el mundo, pero solo acá tienen que venderla en un 85% en canales tradicionales que distan mucho de las grandes tiendas del mundo. Carrefour sufrió esto al entrar al país, pensando que por ser francesa tenía una ventaja en el mercado, y solo hasta después de 3 años, comprendió que debía ser “chévere” y cambio su estrategia, se adaptó al mercado y logró ser la segunda cadena del comercio en Colombia.

¿En Colombia nos gusta lo colombiano?, no necesariamente, pero si nos gusta a lo colombiano. Un buen ejemplo de esto es el café que tomamos, particularmente en Bogotá, a ese que llamamos “tinto”. En el mundo entero se toma un café más denso y cargado, y acá nos gusta algo más suave y aguado, y por eso todas las marcas con venta de café (incluso Starbucks) han tenido que modificar sus recetas, para capturar el mercado.

Si bien es puede ser cierto “que los colombianos de clase baja quieren parecerse a los mexicanos, los de clase media a los norteamericano y de clase alta a los europeos”, esto no significa que no nos guste como hacemos las cosas. A muchas empresas chilenas esto les ha costado entenderlo, bajo la idea de que somos latinoamericanos y nos debemos comportar igual, pero una simple revisión a las cifras de Chile y Colombia, y a la historia de estos países, y fácilmente nos damos cuenta que somos muy diferentes.

Debemos comprender que Latinoamérica no existe, y menos como un bloque homogéneo de comportamiento: es fácil comprender que los hombres y las mujeres son diferentes, pero le cuesta mucho a los extranjeros comprender que un mexicano no es un brasileño.

En momentos como este, donde las economías están andando a media marcha, las multinacionales presionan para obtener resultados de corto plazo, poniendo en riesgo su sostenibilidad en el mercado; la presión sobre los precios, los descuentos, el mal manejo de las marcas, el desconocimiento de los canales y los momentos de consumo locales, le ha costado a muchas marcas su presencia en nuestro territorio con decisiones de solo unos meses, pese a haber estado por décadas.

El secreto de la globalización, no está en la homogenización para obtener economías de escala, sino en la adaptación cultural de los productos de manera local, por eso ahora la llaman glocalización.

Bienvenidas muchas marcas a Colombia, de productos, de comercio y servicios, y si recuerdan el simple precepto de la sabiduría popular que dice “a donde fueres, haz lo que vieres”, pueden tener éxito en el mercado, de lo contrario, la arrogancia del extranjero que no respeta la cultura, es duramente castigada por nuestras costumbres.

martes, 21 de noviembre de 2017

¿CUANTO SUBIR EL SALARIO MINIMO? - Columna para Potafolio

Comienza el debate por el aumento del salario mínimo, con dos retos enormes: la economía crece despacio y el aumento del 2017 no dinamizó el gasto de los hogares como se esperaba, lo que deja al mundo sindical sin uno de sus principales argumentos de negociación, porque se mostró que aumentar el salario mínimo en una proporción alta, no genera un aumento de demanda.

En 2016 y 2017 el mínimo aumentó un 7% cada año, cuando la inflación de cada año fue de 6,77% y 5,75%, respectivamente, lo que implica que la capacidad de compra de ese salario aumento, pero el gasto de los hogares en estos años no tuvo un buen comportamiento, teniendo un crecimiento del 0,6% y de 1% en términos reales para esos años; con el empleo pasa algo parecido, ya que en 2016 la cantidad de ocupados creció un 0,6% y en lo que va del año crece solo un 1,3%.

La pregunta es clara: ¿por qué sube el salario mínimo, y el gasto de hogares y el empleo no despiertan?, y la respuesta es relativamente sencilla: porque los demás salarios no aumentan igual que el aumento del salario mínimo. En 2016, los salarios aumentaron en promedio un 7,4% y en 2017, cerca de un 2%, lo que hace que la capacidad de compra sea menor y muestra que los empleadores buscan empleados más baratos y/o les han subido los salarios mucho menos que al mínimo.

Ese es el riesgo de subir mucho el salario mínimo, porque desmotiva el empleo y puede reducir el crecimiento de los demás salarios, causando que la demanda interna no se vea beneficiada por esto; lo que pone el dedo en la llaga en este momento de debate, porque subir mucho el salario mínimo causaría un efecto perverso en la economía, adicional tema de productividad y salarios estatales.

¿Qué hacer?, Primero, sacar el debate del salario mínimo de la falsedad del discurso, porque ni se debate cuanto deben aumentar los salarios en Colombia, ni el mínimo es el ingreso mínimo que debe tener una persona, sino el mínimo pago que debe recibir por su labor. Segundo, estimar el aumento del salario mínimo en función del aumento que el mercado pueda pagar, porque la premisa de la productividad está en función de la visión empresarial y no necesariamente de la laboral, por esto las empresas siempre han sido francas al decir cuánto pueden subir los salarios, sin afectar sus plantas de personal, pero los sindicatos no escuchan estas razones. Tercera, los sindicatos deben defender el empleo y el salario de los colombianos, no el aumento del salario mínimo que afecta por mucho al 20% de los ocupados del país.

El debate por el salario es uno de los más importantes que se realizan cada año, y desafortunadamente, termina siendo uno de los menos profundos y eficaces, y más épocas electorales, donde el gobierno nacional está tentado a hacer grandes anuncios y los sindicatos necesitan aceitar sus maquinarias para los comicios del próximo. La discusión del salario debe ser un debate económico y social, y no político y electoral.

¿MAL PRESIDENTE?, Columna para Portafolio Recibidos x

¿Mal Presidente? Por Camilo Herrera Mora En un chat de unos amigos muy inteligentes e informados, leí que estamos en un “Rookie Time”...