domingo, 8 de julio de 2018

¿NO SOMOS UNA NARCOECONOMIA?, Columna para Portafolio

El peso de la producción de cocaína en la economía colombiana en 2017 pudo ser cercano al 0,44% del PIB, y más o menos el 3% de las exportaciones en dólares.

Este cálculo sale de la atinada reflexión un editorial de la semana pasada en este diario, donde se analizaba que “Con respecto al impacto que esa suma tiene sobre la economía nacional, lo más fácil es usar como parámetro el precio que se habría discutido durante las reuniones que han puesto a Jesús Santrich al borde de la extradición: 1,5 millones de dólares por tonelada. Puesto de otra manera, las ventas brutas habrían ascendido a 1.381 millones de dólares, bajo el supuesto de que todo lo que se fabricó acabó siendo negociado al valor indicado.”, y si se estiman que se produjeron 921 toneladas, a un tipo de cambio promedio de $2953 pesos por dólar, fue una producción de $4,07 billones de pesos.

Se puede decir que esto no tiene opio ni mariguana, y que el peso de la “narcoeconomía” es más grande, pero estas cifras hábilmente planteadas por Ricardo Silva, nos pone en un contexto real: el mundo narco no es tan grande, y esto sustenta la tesis de muchos, incluso de la Juan José Echavarría, que hace poco defendía que esto no podía ser, porque no había tantos dólares en la economía como la gente creía.

Claro, 0,4% del PIB no es poca cosa, es un peso parecido a la industria de la silvicultura y la pesca o la elaboración de productos lácteos, y $4,07 billones de pesos la pueden ubicar como la “empresa” número 25 en ventas en 2017.

La producción de cocaína este creciendo en el país, porque es la única “exportación” que podía aprovechar la devaluación, porque no tiene un marco legal, y sumando el fin de las aspersiones, los cultivos debían crecer, lo que tiene a Estados Unidos preocupado, porque hay más producción, carteles más organizados y el precio medio de la droga en las calles baja, aumentando la demanda.

Ahora, supongamos que cada tonelada producida en Colombia se vende a un precio 100 veces mayor que producirlo en el mercado del menudeo en las calles de Norteamérica; si esto es así, es solo el 0,7% del PIB de los Estados Unidos, es decir, cerca de 140 mil millones de dólares; cifra exorbitante, pero muy pequeña para la economía más grande del mundo, que solo tendría un fuga de 0,07% de sus dólares por este motivo, dejando ver que ese no es realmente su problema, como muchos dicen.

Esta reflexión de Ávila, nos abre los ojos a ver que este negocio no es tan grande, y ya sabemos que ni es simple ni monopólico, por lo que sus implicaciones no son tan económicas como legales, morales y políticas; estamos a punto de ser descertificados, porque es innegable que la producción aumentó, bajo los precios y dinamizó la demanda, pero no por el proceso de paz, sino por la caída de los precios del petróleo y el cumplimiento del mandato del OMS sobre las aspersiones. Este es un gran reto para el próximo gobierno, pese la ventaja que ahora no debe atacar guerrillas sino carteles, aún debe enfrentar un mundo que no entiende el problema.

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