jueves, 31 de julio de 2014

GO TO CONSUMER, Especial para Marketing News

Hace unos 10 años estuve en un encuentro mundial de marketing y ventas, donde un conferencista hizo mucho énfasis en el éxito de las medidas “go to market” en pos de direccionar las estrategias de la compañías, y estos comentarios tuvieron un alto impacto en el auditorio, más porque parecía haber una solución al freno del mercado, que porque realmente esto fuera con lo que estaban de acuerdo. Personalmente algo me decía que eso era hacer lo mismo pero bien hecho.

Hace unos días realizando unas investigaciones y revisando los hallazgos comprendí lo que realmente está pasando: el consumidor ya no va al mercado, el mercado llega al consumidor.

Comprender esto me hizo repensar y remodelar muchos datos que tengo sobre el mercado y la evidencia demostró que realmente es eso lo que está pasando, pero parece que el mercado simplemente no lo ha comprendido.

Como consumidores queremos que las cosas sean fáciles, que nos quiten el menor tiempo posible o que nos den la opción de dedicar el tiempo que queramos a hacer algo, que sean asequibles y obviamente que nos satisfagan más allá de la promesa; este concepto riñe claramente con la idea de ir al comercio a comprar, y más aún cuando las góndolas están atestadas de productos y marca, hay tráfico para llegar y hay filas que hacer. Esto, está cambiado desde hace muchos años, pero en la última década se ha acelerado de manera vertiginosa, porque siempre ha habido servicio de domicilio pero la dinámica que Netflix le propuso al mercado cambio la ecuación de valor y quebró al gigante Blockbuster. Un buen ejemplo a seguir es Domino´s que no sólo lo lleva a domicilio sino con una promesa de cumplimiento en un tiempo determinado. Amazon es otro claro ejemplo de este proceso, que causó que la gran mayoría de marcas tengan hoy portales de venta propios para llegar directamente al consumidor y con el control del manejo de su marca.

Los domicilios mandan hoy y cada vez son más comunes en diversas industrias, porque cumplen con el simple concepto de llevar las cosas a las personas y no hacer las personas vayan a obtenerlas, cambiando todo el esquema logístico del mercado, quitándole poder al comercio y dándoselo a las marcas nuevamente, y creando enormes oportunidades de conceptos virtuales que reunan las propuestas de valor de diferentes marcas en un solo espacio, como durante mucho tiempo lo hicieron las páginas amarillas. Es decir, no ha pasado nada nuevo, sino que el cambio tecnológico y el aumento de ingresos causo en entorno perfecto para el nuevo nombre del mercado: Go to Consumer.

¿Qué implicaciones tiene esto?, que el comercio debe cambiar su cadena de logísitica para poder competir, que las marcas deben tener puntos de venta físicos y digitales con la capacidad de ir al consumidor apoyándose en enormes plataformas de conocimiento de su cliente y que sin lugar a duda todo depende de las empresas o sistemas de mensajería, que se convierte sin lugar a dudas en unos de los negocios del futuro.

A esto se le debe sumar el desarrollo de las impresoras 3D que permitirán que el consumidor produzca en su casa una gran cantidad de productos según su necesidad, como ocurrirá en la industria de juguetes e incluso en la de vestuario y accesorios, redefiniendo el concepto de artesanía y de “Do it your self”.

Comprendo que muchas marcas no quieran ceder la experiencia de venta y servicio en físico, como en el caso de los restaurantes para asegurar la calidad del producto, que puede sufrir enormes cambios en el tiempo del domicilio, pero hay categorías que simplemente se han demorado mucho en llegar ahí como los servicios de papelería, el lavado de ropa e incluso la venta de regalos de cumpleaños de carácter inmediato; seguramente hay casos puntuales y vendedores que han sabido atender a sus compradores de manera personalizada los que comenzaron este camino, pero en poco tiempo esto dejara de ser un diferencial o servicio de lujo porque será el común esperado del mercado.

¿Cómo hacer el cambio?, debe comprender que debe hacer un giro completo en su esquema de logística y que nunca una tienda física es un buen punto de comparación, porque todo concepto virtual es completamente diferente, y en este punto es donde muchos han fallado. Un esquema de compra por catálogo, online o telefónico requiere que el comprador tenga donde conocer y evaluar los productos, que sean fáciles de pedir y que no haya barreras de devoluciones, y es claro que todo esto espanta a muchas empresas.

La decisión es simple: es masificar el servicio personalizado de alta calidad para todos, por medio de herramientas que permitan que su comprador y consumidor puedan vivir su experiencia comercial en cualquier punto del mundo y disfrutar de su producto unas horas o días después con toda la experiencia de marca; obviamente esto no se hace solamente comprando unas motos y unas cajas, sino creando un nuevo canal, con todas las características que lo hacen diferente y que su consumidor espera, y que se pueda ejecutar impecablemente sobre la cama destendida de ese fiel consumidor.

DEL SHARE AL SHARE: DE COMPETIR A COMPARTIR

“¿Cuál es tu share?”, esta frase dio origen a muchas reuniones de mercadeo y estrategia el siglo pasado, ya que el dogma exigía tener la mayor cuota del mercado y para lograrlo caímos e hicimos caer a nuestros compradores en todos los excesos posibles como la Lujuria, Gula, Avaricia, Pereza, Ira, Envidia y Soberbia, y quizá en muchos otros que se podrían mencionar. Todo valía por obtener la meta, ya que teníamos el poder. Pero eso cambio.

Hoy la verdad es indiscutible: el poder lo tiene el consumidor y no la industria ni los canales, y esto se debe a que cada vez hay más marcas y productos, y es el consumidor satisfecho quien decide al final, y si bien cada vez es más arriesgado, igualmente cada vez es más duro en sus castigos. En este proceso nos ha dejado una gran lección: a él no le importa el share de la marca, sino como la marca hace share, es decir, no le importa la competencia sino como compartimos.

Por eso el marketing ha comenzado a medir los share de redes sociales, de páginas de videos, de presentaciones, de blogs y páginas de prensa, porque el mundo cambio de un mundo de competencia a un espacio de generosidad. El nuevo consumidor comparte, debate, aporta, exige y vigila, y sobre eso toma decisiones, y ya no usa el marketshare como parte de su decisión, de hecho en muchos casos, le sirve para excluir un producto de su canasta de consumo, porque simplemente no quiere ser parte de la mayoría.

Esta tendencia – que claramente no es nueva – ha transformado la comunicación de las marcas, la publicidad, los canales, los productos y afortunadamente la ética de las empresas dejando ver cada vez más un concepto “markético”* en el entorno, donde prima los valores individuales y colectivos del mercado sobre la tentación de las utilidades, y donde ese “todo vale por la cuota” comienza a diluirse. El cambio ha comenzado de manera silenciosa en las empresas y nadie lo ha notado claramente: han cambiado los indicadores de gestión, y es claro que no hay forma más eficiente de cambiar una cultura corporativa que cambiando los tipos de metas: si tus metas son de ventas, la empresa será comercial, si son de rentabilidad la empresa será financiera y si son de satisfacción será claramente marketera.

Es más importante compartir que competir. Esto replantea nuestra relación con el mercado, porque el foco ya no será vencer a la competencia sino compartir con cada actor del teatro del mercado, logrando una obra maestra. Se requirió que perdiéramos el poder para comprender el verdadero poder que tenemos: el de mejorar al mundo.

Siempre el consumidor ha podido compartir nuestros productos, pero con la construcción del mundo digital y de las interacciones entre satisfactores y beneficiados, se puede compartir mucho más y esto redimensiona la relación de las marcas con las personas, porque las primeras ya no pueden mirar a las segundas como “un pedazo de torta” sino como un comensal, y esto cambia todo.

Hoy las marcas deben compartir, incluso con su competencia. Un buen ejemplo de esto es como ya se perdió el tonto discurso sobre hacer publicidad que desarrolle la categoría para no ayudar a la competencia, porque se comprendió que el líder no es el que tenga la mayor cuota del mercado sino quien lo lidera, lo mueve, lo desarrolla, lo impulsa, porque el consumidor sabe que su necesidad se puede satisfacer mejor y está pendiente de quién le va a enseñar a hacer eso.

Si usted aún está pendiente del viejo share, tranquilo, como ya lo mencionado, es un indicador muy útil, pero no sirve de nada solo, menos en un mercado físico y digital, donde se comparte todo, inclusive con lo que no estamos de acuerdo, porque en redes sociales la gente comparte, tuitea, postea cosas con las que no está de acuerdo, y lo hacen para causar efectos contundentes.

El share hoy tiene su mejor acepción: compartir. Esa es la forma como debemos ver el mercado, como un espacio donde como marcas compartimos la responsabilidad de satisfacer las necesidades en un entorno de segmentación horizontal, donde los gustos son diferentes y en un espacio de comunicación donde compartimos con todos conocimiento, experiencias y beneficios.

Pasar de Share a Share, no es una cosa de semántica, es un cambio profundo de pasar de competir a compartir, y esto llevará al mercadeo a un mejor entendimiento de su rol, asumiendo responsabilidades y beneficiando al consumidor. Por eso la pregunta hoy tiene otra connotación: ¿Qué share haces hoy?

* “Markético”: así llamo al marketing que hace las cosas bien, que no engaña ni al mercado ni a la empresa, que aporta y que no roba, que busca y que no oculta, que satisface y no que toma; tristemente esto simplemente debería llamarse “marketing”, pero a veces resulta necesario visualizar el problema para que lo aceptemos.

lunes, 28 de julio de 2014

REPENSADO IMPUESTOS, Columna para Portafolio

Muchos impuestos en Colombia tienen dualidades increíbles, como el impuesto al consumo de licores, que busca reducir el consumo y financiar la salud, y que en los últimos meses ha reducido su recaudo por la “Ley de Conductores Ebrios”, dejando a la salud y los departamentos con problemas de ingresos al desmotivar el consumo, lo cual demuestra el absurdo, como lo demostró el IVA a la cerveza para financiar la salud, a sabiendas que las personas de ingresos bajos son la mayoría de los consumidores de esta bebida.

Nuestra estructura tributaria tiene muchos errores y desafortunadamente en las últimas reformas tributarias no se han hecho transformaciones de fondo, sino remiendos temporales que buscan tapar huecos de recaudo y no estructurar un sistema tributario simple, sólido, redistributivo, progresivo y dinámico.

Un tema que siempre será espinoso es ponerle IVA a los bienes de la canasta familiar básica, pero esto hay que hacerlo, en particular por tres razones: la primera, si todo está tributado igual, la evasión y la elución es menor y se puede controlar mejor; la segunda, la lógica no-progresiva de no tributar, que causa que en todos los bienes donde no hay IVA, las personas de ingresos medios y altos, no pagan ese impuesto, recibiendo de esta manera un subsidio; la tercera, se refiere al aumento del ingreso medio de los hogares y la reducción de pobreza.

El impuesto a los dividendos es tan sensible como el anterior, más tiene razones lógicas: las exenciones de las personas jurídicas no cobijan a las personas naturales; todo ingreso de las personas naturales debe ser sujeto a renta y quizá afecten la base de cotización de aportes sociales; son impuestos de fácil control y recaudo.

En ambos casos, la polémica es fuerte y tiene argumentos sólidos de opositores y defensores, y es por eso que los tributos se llaman “impuestos”, porque si no es una obligación inamovible, nadie lo pagaría.

Colombia tiene un recaudo tributario inferior al promedio de la región, al ser del 8,8% del PIB, mientras que en la región es de 9,65% y en la UE es de 11,6%; lo que hace pensar que esto tiene cosas más complejas que las expuestas por Piketty, quien sin duda sonará mucho en torno a este tema.

Así mismo las rentas departamentales deben cambiar, porque no tiene ningún sentido que sigan atadas a sectores en los que se trabaja en desincentivar su consumo como los licores o las gaseosas; la Nación recibe la renta de personas naturales y jurídicas, y el IVA por ser generados de manera nacional, las ciudades el predial y el ICA que son de generación por usufructo local, y los departamentos quedan descubiertos, porque no tienen que tributar a las personas.

En pocas palabras, decidimos no tributar a las personas naturales en unos temas y dar exenciones a personas jurídicas, buscando favorecer algunos sectores y poblaciones buscando mejores condiciones económicas y lo que se ha logrado son asimetrías de mercado y un estado desfinanciado.
Por eso, la próxima reforma tributaria debe enfocarse en la realidad que los departamentos se seguirán desfinanciando y que en muchos casos ya no tiene sentido mantener subsidios (o no tributar) en ciertas ramas de la economía, porque el país ha cambiado y seguirá haciéndolo, causando mayores gastos para el estado y un menor margen de maniobra fiscal.

sábado, 26 de julio de 2014

Priorizando - Columna para El Nuevo Siglo

En los últimos días he explicado este concepto a varias personas; a él llegué por experiencia personal y me ha funcionado bien en los últimos años; obviamente no es la panacea para evitar sufrir por las injusticias de la vida o el abuso de los demás, pero aligera el camino, porque nos pone en el centro de la ecuación en pos de los demás y no lo contrario. El truco está en priorizar siempre bien y no perder ese orden poco obvio de las cosas.

Por cultura, religión, tradición, presión social y costumbre creemos que la vida se prioriza en función de los demás, quizá porque es bueno ayudar a los demás, pero es más importante ayudarse a uno mismo. Se nos ha inculcado que los hijos son lo más importante de la vida, que el trabajo requiere responsabilidad, que el respeto a la pareja es fundamental, que cuidarse y tener salud es la base de todo y que debemos dar la vida por la patria, pero nunca nos dijeron como hacer todo eso, y obviamente las cosas entran en constante conflicto.

Un buen ejemplo es una familia de una pareja y dos hijos, que cuando uno llega a casa y nadie sale a saludar, y usted está lleno de cosas como cartas, maletas, sombrilla y las llaves, no irá a saludar primero, sino a dejar todas esas cosas en su lugar; estando ya “libre”, irá a saludar a su esposa y después a sus hijos, y después de esto podrá mirar su celular por llamadas, mensajes o correos electrónicos. El concepto es simple: usted primero, después su pareja, sus hijos, su familia, sus amigos, su trabajo y por último la sociedad, lo cual suena completamente ilógico ante lo que hemos aprendido.

La solución es simple. Si usted no está bien, no podrá ser buena pareja, y su pareja es aquella con la que usted decidió compartir su vida; de esta unión nacieron sus hijos, que como todos sabemos son “sangre de nuestra sangre” pero no son nuestros, más que una propiedad son un deber; igualmente nuestra familia, que es aquella a la que le debemos mucho pero esa era su responsabilidad; nuestros amigos los escogimos para acompañarnos en el viaje de la vida, y ellos están ahí porque queremos y quieren; luego viene el trabajo, que nos da el sustento pero no la vida ni la felicidad; y por último los demás, la sociedad, el país, el mundo, que son esas personas que afectan nuestra vida y debemos ayudarlas en la medida en que podamos.

No hay que confundir el priorizarse para vivir y ayudar, con ser egoísta. Si lo primero de nuestra vida no somos nosotros, simplemente, no habrá pareja, ni hijos, ni familia, ni amigos, ni trabajo, ni mucho menos forma de apoyar la sociedad.

Colombianada: Quitarse el pan de la boca, solo tiene sentido si ya no tenemos hambre.

sábado, 19 de julio de 2014

¿SARCASMOS?, Columna para El Nuevo Siglo

A veces pienso que simplemente no comprendemos las normas y puede que la única forma en que comprendamos lo que hacemos, es mostrarles a las personas lo que hacen o no hacen correctamente, en el lenguaje más contundente de todos: el sarcasmo; porque el ejemplo ya no sirve de nada, ya que perdimos la vergüenza. Un buen ejemplo es el entorno del tráfico, las vías y los peatones.

De niños nos enseñaron que la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta y esto lo queremos aplicar en la vida y simplemente es imposible, porque las normas eliminan esa posibilidad para lograr que las cosas se hagan bien o simplemente se proteja la vida, pero aun así vemos a las personas pasando las avenidas caminando rápido como entre brincos, con una risa de picardía ignorante, dejando ver que saben que hacen las cosas mal pero se sienten felices porque ganaron tiempo al cruzar por la mitad de una vía con carros a altas velocidades.

Lo mismo pasa con las direccionales, que son unas luces que tienen los carros que nadie usa para nada; esas lucecitas tienen como función informar que se va a cambiar de carril, girar hacía otra vía o inclusive parquear, pero la gente no las usa porque en Bogotá – particularmente – esto causa que el carro del lado acelere más, el de atrás pite desaforadamente y alguno hago lo imposible por no dar el paso para no perder su puesto en la gran carrera que está corriendo.

Otro bello ejemplo de nuestra estupidez antinormas lógicas que funcionan en el mundo entero y acá no, es caminar por la calle; quizá es un rezago de la gente que vivía en los pueblos o por la baja presencia de carros en ciertas ciudades o barrios y seguramente la desastrosa situación de muchos andenes, pero cada vez se ve más gente caminando por la calle arriesgando su vida a que una moto pase jugando el juego de oca y se la lleve por delante.

Así, nuestros peatones simplemente ponen su vida en riesgo todos los días, por estar más cómodos, llegar más rápido y lograr una picardía más, que quizá sea el único logro de ese día. Nuestros conductores se sienten que viven en una carrera continua donde lo único claro es que ellos deben ser los primeros y que los semáforos en amarillo (inclusive en rojo) son adornos de la ciudad, como lo son muchas señales de tránsito.

¿Qué hacer?, quizá campañas como “no gaste en luces direccionales, compre un carro más barato”, o “no ceda el paso, porque perderá la carrera”, o quizá “peatón, corra más rápido y sonría más”, funcionen de algo, porque sin duda decirle a personar que no respetan su propia vida que respeten la de los demás, es muy difícil.

Colombianada: Siempre me he preguntado por qué si la velocidad máxima en Colombia es de 80 km/h, los carros que se venden alcanzan mayor velocidad.

lunes, 14 de julio de 2014

#nomequitolacamiseta, mi columna para Portafolio

“¿Cuándo te vas a quitar la camiseta de la Selección?, le preguntaron y contestó que lo mejor es que nunca lo hiciéramos”, este texto (en una versión más larga) ha comenzado a rondar en redes sociales, haciéndonos reflexionar sobre lo que nos enseñó la Selección Colombia en estos días.

Colombia ha cambiado mucho. Comparar el país antes de la Constitución de 1991 con el de hoy es un gratificante ejercicio, porque las mejoras son impresionantes, como discutíamos hace días con Rudolf Hommes, pero es necesario que los colombianos conozcan, comprendan y apropien estos cambios, porque el mundo entero los reconoce pero el común de nosotros no.

No podemos darnos el lujo que el enorme capital nacional que dejo esta selección se diluya. Debemos aprovecharlo para ir a un segundo nivel, donde comprendamos que esa Selección es el reflejo de lo que somos: Profesionales, abnegados, exitosos, un gran equipo con enormes potenciales. No nos quedemos en celebrar que “ganamos”, y honremos este triunfo tomándolo como un símbolo del nuevo país que tenemos y lo que hoy somos.

Si un político, gobernante, artista o periodista propone dar este paso, se le acusará de oportunista y dejaremos ahogar un momento que puede ser el comienzo de una sociedad que cree en ella misma, y que deja de esperar que hagan las cosas por ella.

Por eso escribo estas palabras, porque creo que es hora de nunca quitarnos la camiseta.

Más allá de partidos, regiones, religiones, situación económica, género, edad o pensamiento político, todos debemos comprender que el país ha mejorado y que debe ser mejorando, y que si teníamos alguna duda sobre nuestras capacidades, la Selección nos dio una enorme lección que no podemos dejar pasar: Colombia puede, Colombia es grande, tenemos un gran porvenir.

No hablo de las negociaciones en La Habana, ni del Plan de Desarrollo, ni mucho menos de un renacimiento de la identidad nacional, hablo de un país que ha cambiado, mejorado, y que cada día tenemos más motivos para estar orgullosos de él. Cuando yo era niño la cobertura de salud no llegaba al 50%, el analfabetismo era cercano al 10%, la tasa de homicidios era muy alta y el país era reconocido por su narcotráfico, hoy mis hijos tienen un país con cobertura en salud, gratuidad en educación, menor violencia, con empresas multinacionales colombianas y el mundo nos mira admirados, mientras nosotros nos quedamos en decir que la salud está mal, que la educación también, que no hay paz, que el país no avanza: no confundamos los problemas que tenemos que solucionar hoy, con los horrores que teníamos ayer; sin duda queda mucho por hacer, pero comencemos por reconocer que hoy estamos mucho mejor que ayer.

Por eso nos toca seguir con la tarea de hacer las cosas bien todos los días, respetar las normas, ayudar a los demás, buscar la forma de hacer cosas mejores y todo esto a nuestra manera, a la colombiana, porque ya comprendimos que es la forma de hacer las cosas. Dejemos las trampas, las excusas, la pedidera y hagamos lo que estos 24 jóvenes nos enseñaron: trabajar en equipo, hacer cada uno bien su tarea, apoyar a otro, cumplir con el plan y cuando se gane, bailar de alegría.
Hoy ser Colombiano tiene un nuevo sentido y por eso #nomequitolaCamiseta, me la remango para empujar al país más allá, ¿y usted?

sábado, 12 de julio de 2014

CAMBIAR EL FÚTBOL, Columna para El Nuevo Siglo

Pasada la participación del mundial de la Selección Colombia, queda la sensación que las cosas no fueron limpias, y esto nos debe llevar una reflexión muy profunda sobre cómo funcionan las decisiones dentro de la cancha.

En la gran mayoría de los deportes, en los olímpicos y en diversas ligas profesionales, las decisiones arbitrales divididas se arreglan por medio de revisar las imágenes, desde los derechos de revisión que tienen los tenistas hasta el sistema de múltiples árbitros que se ve en el baloncesto; pero esto no es permitido en el fútbol.

Al parecer mantener las tradiciones pesa más que la justicia, y se termina premiando a quienes tienen la habilidad de obrar mal y que el árbitro no se dé cuenta, e inclusive – como ya se ha demostrado en muchas ocasiones – los árbitros terminan siendo comprados para arreglar los partidos.

En un proceso judicial la parte acusadora debe demostrar el delito y el acusado se puede defender, principio que no opera en la cancha de fútbol, pese a que muchos de los árbitros son abogados.

Es momento que la FIFA suba el nivel de la competitividad a una instancia de revisión de las jugadas por medio de sistemas tecnológicos como el uso de las imágenes de televisión, evitando que se den injusticas por errores de momento. Los puristas dirán que esto nunca se ha hecho y que no se debe hacer porque es un deporte de contacto, pero en solo medio año hemos visto una gran cantidad de estrellas lesionadas por falta de control arbitral, lo cual sin duda es un impacto económico para los clubes.

La FIFA debe proteger el espíritu del juego y a los jugadores, y eso no se hace poniendo una bandera de Fair Play, sino dejando que la justicia actué gracias a los desarrollos tecnológicos, como se hizo con el chip de gol este mundial.

Desafortunadamente la FIFA es un ente supranacional sin vigilancia, y no hay forma de demandarlo por afectaciones a inversiones como la lesión de jugador o la pérdida de un partido por un mal arbitraje, y por esto los cambios no se ven y seguramente porque no le conviene a algunos de ellos.

¿Qué hacer?, comenzar a exigir que el fútbol permita lo que casi todos los otros deportes ya hacen: poner la verdad por encima de la maña.

Colombianada: ¿Qué sentirá un árbitro al llegar a casa y que le digan que se equivocó?

martes, 8 de julio de 2014

¿Y SI NO SUBEN?, Columna para Portafolio.co

Como economista leo con alguna regularidad las minutas de la Junta del Banco de la República para comprender que están debatiendo, y le sumo la lectura de los análisis de los equipos de investigaciones económicas del Bancolombia y del Banco de Bogotá, que aportan mucho en este ejercicio, y de allí surgió la pregunta: ¿y si las tasas no suben que pasa?

Siempre he escuchado que el rol del Banco muchas veces es como el del papá que cuando la fiesta está en su máximo, pasa y quita todo el licor para que la fiesta no se salga de control, pero nunca hemos sabido que pasa si el trago se queda, asumiendo que los empresarios y consumidores son irresponsables como se supone que lo son o fueron; hay muchos estudios sobre el crecimiento promedio del PIB, y es claro que es cercano al 4,5% en todo el siglo XX, y esto ha justificado mucho de los estudios que se han hecho sobre PIB potencial, pero ¿realmente ese es nuestro PIB potencial?

Es difícil pensar que tengamos el mismo crecimiento de PIB potencial que hace 5 años, que hace 10, que hace 20 y mucho menos que hace 50 años, porque sería asumir que nuestro aparato productivo no ha cambiado en todo esos años, y es evidente que pasamos de una economía agrícola, a una industria hacia adentro, a un entorno de desarrollo por construcción y ahora con una dinámica en servicios con un sesgo minero.

Es comprensible que por Ley de Taylor ante un aumento del inflación (marginal en la primera derivada, pero muy relevante en la segunda) y un PIB creciente, el Banco tome la medida de aumentar las tasas de referencia, y así no podremos saber qué pasa si estás no suben. Sin duda el Banco es y debe ser ortodoxo en sus decisiones, pero subir las tasas en momento de auge supone implícitamente que se desconfía de los sistemas de los sistemas de riesgo de los bancos e incluso del mismo SARC; También es sabido que el bull & bears de la economía tiene más que ver con ciclos de origen estadístico que con el razonamiento y la emotividad del mercado real, a diferencia del financiero, ya que era predecible que el primer trimestre de 2014 sería mejor que el de 2013 (aunque no tan mejor).

Es muy posible que nuestro PIB potencial sea más alto que los que se han estimado e incluso que su crecimiento también, ya que la entrada de inversión extranjera claramente aumento el capital en la economía; aceptar esto afecta la política monetaria, la regla fiscal e incluso la reforma constitucional de 2001 sobre presupuesto para educación y por eso es un tema que se manejado con mucho cuidado desde lo técnico y lo político, logrando mantener nuestra economía en un estado de solidez interesante, pero con crecimiento mucho menores de lo necesario, reduciendo la velocidad de aumento del bienestar y profundizando el proceso de revaluación del peso causado por fuerzas internacionales.

¿Qué hacer?, buscar la forma que este aumento de intereses de referencia no lleguen al mercado prontamente (algún estudio reporto que esto demora 18 meses), y fomentar desde el Banco, la Superfinanciera y el Minhacienda que los bancos no suban sus intereses a la industria en este proceso de recuperación y que no desmotiven la demanda con más intereses al consumo. La respuesta a esta política pública está en el sector privado, teniendo la oportunidad de demostrar que podemos crecer más que el histórico 4,5% que hemos observado.

lunes, 7 de julio de 2014

DE A PIE, Columna para El Nuevo Siglo

Desde hace mucho tiempo he oído que las políticas públicas también deben ser para los ciudadanos de a pie, y de después mucho oír, comencé a escucharlo y simplemente no he logrado comprenderlo.

Quizá nace de la idea que las personas más favorecidas o con poder tenía carro o coche, y que por eso la sociedad se “dividida” de esta manera, la cual más allá de ser peyorativa, es deprimente, porque juzga a las personas por su capacidad de dejar de andar a pie, es decir, de tener un carro por sus logros personales. Como este hay muchos ejemplo de como en la política usamos términos para sonar inteligentes, cercanos e incluso comunes, cayendo en errores garrafales como el anteriormente mencionado.

Yo no soy un ciudadano de a pie, porque tengo carro, pero en muchas cosas se me trata como a cualquier otro, otras se me trata mucho mejor, y en muchas ni siquiera se me trata. Hoy es imposible pensar que tener un carro hace que una persona tenga sus necesidades solucionadas, y mucho menos cuando el más del 70% de los carros están en hogares de NSE 1,2 y3 que claramente tienen serias necesidades en educación, salud, infraestructura básica e incluso servicios públicos.

Hoy mucho se habla de modernizar la política pero se sigue con las mismas palabras trasnochadas, conceptos sin sentido ni mucho menos definiciones, como en el caso de la izquierda o la derecha, o el pueblo y los oligarcas, mucho más en un país donde la mayoría de las personas millonarias vienen de cuna pobre.

Decir esto es hablarle a las personas que se han quedado atrás, que no quieren ir más allá, que sin importar su edad simplemente siempre será de a pie o descalzos, como olvidando el logro  de López Pumarejo con la revolución causada con las leyes sobre uniformes laborales.

Las palabras tienen poder y su significado significa la cosa y quien la dice, porque se evidencia su conocimiento, estilo y respeto por los demás, no que sepa más, este más educado ni mucho menos que sea mejor. A los problemas hay que llamarlos por su nombre real para poder abordarlo correctamente: ya quisiéramos que el problema fuera solamente que la gente no tuviera un carro para moverse.

Las personas que toman recursos públicos, que los manejan mal o que los desaprovechan no son corruptos, son ladrones; el que mata personas a nombre de una causa, es un asesino; el que dice verdades a medias para defender sus ideas, es un mentiroso; pero de una u otra manera encontramos la manera de “cualificar” las faltas para reducir sus implicaciones, al igual que tratamos a las personas al decirles “de a pie”: las personas son personas, y si tienen necesidades se le deben reconocer y no esconder bajo una tierna palabra que esconde su realidad y oculta los problemas. Dejemos de hablar rimbombante y hagamos cosas estruendosas para cambiar esas realidades.

Colombianada: la palabra tiene poder, y casi siempre la gente se queda callada.

miércoles, 2 de julio de 2014

NO MAS IVA, Columna para Portafolio

El IVA es una gran fuente de recaudo de impuestos, ya que está mayormente a cargo del comercio y recae sobre los compradores; ya demostré en una columna anterior como el comercio no formal – sobre todo el canal tradicional y la tienda de barrio – posiblemente cometen una elusión de este impuesto por el orden de 2 billones de pesos al año, lo que deja ver la enorme necesidad de su formalización y su aporte a las arcas nacionales.

Sin lugar a dudas es más rentable para la sociedad que el Gobierno Nacional tenga el recaudo de ese dinero: Si el comercio – aquel que no cumple con pagar sus impuestos – aumenta sus ganancias, claramente esto causa una mayor concentración del ingreso, y si el hogar obtiene el beneficio de un menor precio, el ingreso permanece igual y no se da ningún fenómeno de redistribución.

Ya ha surgido el debate sobre la necesidad de subir el IVA con el fin de aumentar el recaudo tributario, y más allá de opciones como la tributación a dividendos, el gravamen a transacciones financieras o incluso el impuesto al patrimonio, es claro que el IVA es un impuesto que le pega muy duro a la clase media y por ende a la capacidad de compra con más impacto en la economía.

¿De dónde surge la propuesta? De la evidencia del mercado: ante un mayor ingreso de los hogares, las compras más dinámicas son los bienes durables, semidurables y servicios, que mayormente están por fuera de la canasta familiar y que son lo que las personas siempre han querido tener y no han podido, porque debían comprar lo de primera necesidad; por esto, es claro que subir el IVA a estos bienes “suntuarios” mejoraría el recaudo, pero también haría que esos mercados perdieran dinámica.

Revisando las cifras de recaudo de IVA se evidencia que los bienes “suntuarios” han bajado de precio en los últimos años por dos fenómenos claros: la revaluación y las promociones, donde se mostró que el comercio formal está dispuesto a ganar menos para vender más y que esto le es posible, y el comprador está dispuesto a comprar más si los precios son menores o están en promoción, lo que causa un mercado mucho más dinámico pero con menos impuestos y menor redistribución.

¿Es posible pensar que un producto que vale $100.000 más IVA, pueda tener un descuento del 20%, pero mantenga el valor de IVA de su base original?, y la respuesta no sólo es positiva sino realista y equitativa para todas las partes. En 2013 los hogares pagaron 21,2 billones en IVA – que es el 4,9% de sus compras, y se estima que ahorraron 23,2 billones por un descuento promedio de 5,4%, lo que significa que se pudo haber recaudado 1,14 billones más por las promociones, causando sólo un 0,26% de mayor gasto en los hogares.

Así, es posible matar dos pájaros de un solo tiro: desmotivar el uso de las promociones en el comercio y aumentar el recaudo tributario, logrando reducir precios y bajar los márgenes, causando un efecto de menor concentración y logrando un mayor recaudo para redistribuir.

Sé que de entrada suena herético para la industria y el comercio, pero si lo piensan bien es mucho mejor este punto medio que un mayor IVA para todos.

PORQUE LOS COLOMBIANOS SOMOS POBRES --Revista P&M --

¿Qué se debería entender en Colombia por pobreza? Es una pregunta muy difícil de responder, porque la definición de pobreza es dinámica...