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AUSTERIDAD. Columna para El Nuevo Siglo

“Gastar o no Gastar, esa es la cuestión”; si los gobiernos gastan mucho y subsidian, le gusta a los beneficiados, y molesta a los que financian ese proceso, pero la pregunta de fondo se evade continuamente: ¿Qué tanto debe gastar el Estado?, porque esta lleva a en qué debe gastar y en quienes.

Los Estados deben garantizar los derechos de los ciudadanos, pero esto inevitablemente se apoya en los derechos de alguien y esto a veces se nos olvida, porque todo apoyo del Estado viene de los impuestos o de las rentas públicas; simplemente “no hay almuerzo gratis”, y mucho menos luz gratis, agua gratis, transporte gratis. 

Todo subsidio es pagado por el dinero de alguien. En el caso de un país industrial, lo pagan los impuestos, que al final los pagamos todos; y, en un país petrolero, esto se hace con los dividendos de los hidrocarburos, que realmente son un activo que se pierde en gasto corriente, causando que el día de mañana ese ingreso no este y no haya como seguir financiando el gasto.

El Estado debe definir que va a financiar y cómo, y sobre eso crear las capacidades para lograrlo, mucho más allá de los impuestos y el endeudamiento; y en este punto algunos de los Estados de Bienestar han fallado, porque ha propuesto grandes beneficios para su ciudadanía sin tener seguros sus ingresos, y el caso de Grecia termina siendo el ejemplo más duro de los últimos tiempos.

Ser austero no es dejar de invertir o subsidiar, es hacerlo bien y con los recursos asegurados. Esto significa que en muchos casos se deben hacer recortes de programas que existen y esto afecta los derechos de unos para asegurar los derechos de todos, lo cual sin duda es un gran problema de difícil solución, porque al quitar derechos obtenidos se violan muchos principios democráticos y de mercado, pero casi siempre ocurre porque estos derechos se crearon sin financiación.

Un ejemplo de éxito de lo anterior, es la Constitución Política de Colombia, que aumento el gasto público con su nuevo marco de Estado Social de Derecho y el país se demoró más de 12 años en reducir el déficit público, logrando mejores ingresos y una mejor ejecución de programas, pero eso nos dejó deudas enormes en infraestructura, que generan grandes problemas en la economía y la sociedad, porque pagamos salud y educación y no hicimos las carreteras y los puertos que necesitamos para crear empleo. Lograr el balance es muy difícil.

El mundo clama por un mayor gasto público para mantener los derechos ofrecidos, pero el mundo no se está preguntando si esos derechos son justo con los demás, y hoy vemos como los jóvenes financiarán las pensiones de ellos y las de sus padres, porque las cosas se definieron mal: más derechos, más impuestos, es simple.

Colombianada: Siempre me he preguntado por qué los sindicalistas hablan de conquistas laborales y derechos adquiridos.

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