martes, 2 de julio de 2013

¿Cuál es el valor de los alimentos?, Columna para Portafolio.co

Hace pocas semanas salió el listado de las empresas más valiosas del mundo, siendo claramente consistente con su valor bursátil; dentro de este listado surge una peculiaridad y es que los alimentos son los menos valorados, lo cual simplemente es inconcebible y muestra como el mercado ha perdido sus prioridades.

La mayoría de los personas están dispuestas a pagar un precio por un producto que es superior a su costo por el deseo de identidad, unicidad y exclusividad, pero esas mismas personas consideran que el precio de un alimento debe estar ajustado a los precios de mercado, pese a que es claramente más importante pagar por los mejores alimentos posibles.

Esta asimetría nos lleva a una profunda reflexión: ¿por qué cuesta menos estar alimentados que estar actualizado?

Claramente los alimentos se producen "libremente" en el entorno y por miles de años no pagamos por ellos y los consideramos casi inagotables, y lentamente comenzaron a aparecer los jornales y los productos industriales, causando que comprendiéramos que el hecho de recoger y distribuir los alimentos, hacerlos crecer y madurar efectivamente tenía un costo, pero esto no fue suficiente para que pasáramos de aceptar que este costo debe tener implícito el verdadero valor de los cosas.

En Colombia los alimentos son los que llevan el ritmo de la inflación, no sólo por sus ciclos agrícolas, sino porque pesan cerca del 30% del IPC; así, es claro que entre mayor sea el cambio de precios de los alimentos más lo sentirán las personas que tengan menos ingresos.

Ahora la pregunta es clara: ¿Cómo hacemos para el mercado comprenda el verdadero valor de los alimentos?, es obvio que podemos vivir sin muchas cosas pero no sin ellos, pero eso no se ve reflejado en su precio y mucho menos en su valor, el cual si está siendo discutido (quizá equivocadamente) en la mesa de La Habana.

El futuro de Colombia pasa inevitablemente por la comprensión de su frontera agrícola y la imperiosa necesidad de la autososteniblidad alimentaria, más los procesos de construcción de riqueza en el país han sido contradictorios en este sentido. Ya hace muchos años el mismo Hernán Echavarria planteaba un esquema de rentas presuntivas para hacer rentable el campo y hoy el debate sobre la productividad de la tierra y las reservas campesinas parecen contradecirse.

El futuro del hombre es el hombre en su mismo, y por esto los bienes que hoy consideramos baratos serán los que marquen la diferencia estratégica de las naciones; nos hemos confundido con la imagen de los productos de altos costos de producción y no hemos comprendido que en la administración de la naturaleza está el futuro de la economía.


Los alimentos serán la pieza fundamental del crecimiento y desarrollo de las naciones, pese a que algunos sigan en el sofisma de la tecnología, las comunicaciones y el confort; Colombia está a tiempo de sembrar su futuro y asegurar su posición geoestratégica en el mundo, y todo comienza por comprender que la naturaleza nunca ha pensado en pequeñas parcelas, ya que la rentabilidad por hectárea sólo existe en ecosistemas amplios y no lo que queremos limitar con un alambre de púas, o de lo contrario los costos de los alimentos colombianos serán tan altos que perpetuaremos la pobreza, la inequidad y la ineficiencia; no podemos confundir la paz de hoy con la condena del futuro.

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